Después de unos días de descanso volvemos con el tema acorde a las fechas: el consumismo.

Os invitamos a ver “Surplus, consumidores aterrorizados” que mediante recortes, una atractiva estética de videoclip y entrevistas sustanciales a personas que viven en diferentes sistemas políticos y económicos, nos muestra el mundo en el que vivimos.

Surplus supone una representación perfecta y excepcional de la cultura antisistema. El film de Gandini no recurre a la humanización del problema para reforzar su tesis. No cae en esa despreciable trampa política que obliga a proponer alternativas antes de criticar el orden actual. Surplus no construye, destruye. Sus principios son los de atacar con todas las armas posibles, destrozar sin escrúpulos la moral imperante.

Los elementos cinematográficos a los que recurre tampoco se ajustan al rigor que se presupone en el género documental. Es pura manipulación. Y es éste precisamente su mayor interés. Denuncia la macro-propaganda tomando prestadas sus más descaradas armas de persuasión, con un doble objetivo: atraer adeptos a su causa y llamar la atención sobre el peligro de dejarse llevar por un caudal de inocente información politizada. Entre una edición frenética, un constante acompañamiento musical y un inagotable juego de montajes audiovisuales, Surplus logra poner en evidencia las contradicciones del sistema, cargar de entusiasmo su anti-discurso de cara a un público irascible.

En 2003 la productora sueca ATMO lanzó a las vías de distribución alternativas (es decir, internet) su película “Surplus, terrorized into being consumers”. Responsable de otros títulos de claro contenido político (GITMO: The new rules of war o Sacrificio – Who betrayed Che Guevara?), ATMO ha conseguido que el boca a boca extienda el film hasta los círculos especializados, tanto festivales de cine documental como universidades y foros de debate socio-político.

Pero Surplus es más que un documental político. Por un lado supone una representación de la cultura antisistema, al implicarse y tomar partido en lugar de mantener una distancia prudencial respecto al material que trata.

La intención queda clara desde el principio: al diablo la moderación. Se trata de negar (no cuestionar, no poner en duda) la validez de los modelos políticos conocidos en la Historia Actual (la etiqueta que empieza a usarse para abarcar desde el fin de la II GM hasta nuestros días), de Lenin a Keynes, de Marx a Adam Smith.

No es casualidad que los primeros planos nos remitan a la tragedia de Génova en 2001, hito de nuestra era que convirtió en mártir a Carlo Giuliani. Surplus se alinea abiertamente con el movimiento del Black Block y cualquier forma de lucha activa. Niega las normas básicas de un “contrato social” que considera tramposo y criminal. Denuncia la macro-propaganda tomando prestadas sus más descaradas armas de persuasión, construyendo una micro-propaganda, un duelo ideológico (del que sale vencedor) con un doble objetivo: atraer adeptos a su causa y llamar la atención sobre el peligro de dejarse llevar por un caudal de inocente información politizada. Entre una edición frenética, un constante acompañamiento musical y un inagotable juego de montajes audiovisuales, Surplus logra poner en evidencia las contradicciones del sistema, cargar de entusiasmo su anti-discurso de cara a un público irascible. El resultado es curiosamente honesto, puesto que plantea su posicionamiento desde el primer minuto. Pero además consigue aprovechar la urgencia, la necesidad de las posturas radicales, para hacer que el film lata con una fuerza innegable.