Category: Ciencia y tecnología



La Jornada | 05/07/2016 | Silvia Ribeiro*

Son pocas las veces que tanta gente prominente del ámbito científico presume su ignorancia en tan corto espacio. Así es la carta pública que un centenar de ganadores del premio Nobel publicaron el 30 de junio defendiendo los transgénicos, particularmente el llamado arroz dorado y atacando a Greenpeace por su posición crítica a estos cultivos. La misiva abunda en adjetivos y apelativos altisonantes, hace afirmaciones falsas y no da argumentos, por lo que parece más una diatriba propagandística de empresas de transgénicos que científicos presentando una posición.

Para empezar, el llamado arroz dorado (arroz transgénico para expresar la provitamina A) que defienden con tanto énfasis, no existe. No por las críticas que le haya hecho Greenpeace y muchas otras organizaciones, sino porque sus promotores no han podido hacer una formulación viable, pese a casi 20 años de investigación y más de 100 millones de dólares invertidos. Tampoco han demostrado que tenga efecto en aportar vitamina A.

La primera versión de ese arroz transgénico con betacaroteno (GR1) fue un accidente de investigadores suizos que experimentaban otra cosa, por lo que nunca controlaron exactamente el proceso. Esa versión requería comer kilos de arroz diariamente para completar la dosis necesaria de vitamina A. Luego Syngenta compró la licencia y como propaganda donó la licencia de investigación a una fundación, en la que es miembro la Fundación Syngenta. Pero la empresa retuvo los derechos comerciales. En 2005, anunció la versión GR2, con más provitamina. Pero no ha podido demostrar que la provitamina sea estable, ya que se oxida fácilmente y en poscosecha disminuye a 10 por ciento del contenido. Como es una manipulación genética experimental de alteración de rutas metabólicas, podría tener cambios imprevistos con efectos graves para la salud. Varios científicos han señalado esos riesgos y los mitos del arroz dorado (entre otros, D. Schubert, 2008, y Michael Hansen, 2013; http://goo.gl/ChvI4Q).

Por otro lado, vegetales comunes como la zanahoria, col, espinaca y muchos tipos de quelites –hierbas comestibles comunes que acompañan la siembra campesina y las culturas culinarias tradicionales– aportan mucho más vitamina A que ese arroz, sin efectos secundarios y sin pagar a trasnacionales. Por el contrario, la agricultura industrial y de precisiónque defienden en la carta de los Nobel, por ser plantadas en grandes monocultivos con agrotóxicos, eliminan esos quelites y también a los campesinos, desplazados y contaminados por las megaplantaciones.

La carta afirma que el hambre es por falta de alimentos, lo cual es falso: la producción mundial de alimentos sobra para todos los habitantes del planeta ahora y en 2050. Si existen hambrientos y desnutridos es porque no tienen tierra para producir ni pueden acceder a los alimentos. La cadena agroindustrial de alimentos –que detenta los transgénicos– desperdicia de 33 a 40 por ciento de la comida producida según datos de la FAO, lo cual alcanza para alimentar a todos los hambrientos del mundo. Además, como informa Greenpeace en su respuesta, 75 por ciento de la tierra agrícola se usa para producir forrajes para animales en cría industrial y agrocombustibles, no alimentos. (goo.gl/e5xEwc).

La afirmación de que los transgénicos son seguros para el ambiente y la salud ha sido rebatida, con argumentos y referencias científicas, por más de 300 científicos convocados por la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental (goo.gl/VM8i3W).

Pero quizá lo más notable es que la carta no menciona que sólo seis trasnacionales (en vía de volverse tres) controlan todos los agrotransgénicos en el mundo, 61 por ciento de todas las semillas comerciales y 76 por ciento del mercado global de agrotóxicos. ¿Cuánta falta de ética y honestidad es necesaria para ocultar que su propuesta de agricultura de precisiónes el negocio de un puñado de trasnacionales, todas con larga trayectoria de violación de derechos ambientales, humanos y a la salud?

La sombra de las trasnacionales cae pesadamente sobre esta carta supuestamente científica. Se dicen preocupados por el hambre y los niños desnutridos en el sur global, pero eligen presentar la carta en una conferencia de prensa en Washington, Estados Unidos, en un momento muy oportuno para favorecer a las empresas de transgénicos. En esta semana el Congreso debe votar una ley sobre etiquetado de transgénicos que quiere impedir que los estados tomen decisiones en este tema. Buscan anular la norma de etiquetado que comenzó a regir desde el 1º de julio en Vermont, luego de un referendo que votó en favor de ello.

A su conferencia de prensa se impidió asistir a Greenpeace, cuyo representante fue bloqueado por Jay Byrne, ex jefe de comunicaciones de Monsanto, que increíblemente ¡funcionaba de portero de la conferencia! (goo.gl/i8FXDg). Lejos del altruismo científico, los firmantes organizadores de la carta, Richard Roberts y Phillip Sharp, son también empresarios biotecnológicos. El sitio donde publican la carta es un espejo de otro que redirige al Genetic Literacy Project, frente de propaganda disfrazado de las trasnacionales de transgénicos y agrotóxicos. (GMWatchgoo.gl/WekAin).

Pero lo más ofensivo es su pregunta final: ¿Cuánta gente pobre debe morir para considerar [la crítica a los transgénicos] un crimen contra la humanidad? Opino que los firmantes deben ir inmediatamente a las zonas de plantaciones de soya transgénica en Paraguay, Argentina, Brasil, donde las madres pierden los embarazos y niños y trabajadores mueren de cáncer por los agrotóxicos de los cultivos transgénicos. Esos son crímenes contra la humanidad.

* Investigadora del Grupo ETC

FUENTEhttp://www.jornada.unam.mx/2016/07/05/opinion/016a2pol


El mapa de Palestina que muestra la ocupación israelí durante décadas.

HispanTV | 29 May. 2016

Google borró el Estado de Palestina de su buscador por mapa y colocó una localidad homónima en EE.UU. en su lugar, informó el viernes un portal de noticias estadounidense.

¿Google realmente cree que un municipio de menos de 20.000 habitantes en Texas es más importante que toda la nación de Palestina?, así cuestionó el activista israelí y antisionista Miko Peled al portal de noticias estadounidenseVeteransToday.

Peled hizo estas declaraciones después de que buscó en Google la frase de “¿Qué hora es en Palestina?, y la respuesta fue así, “Palestina, en Texas”. ¿Cómo puede ser esto?, se preguntó.

“El movimiento genocidio sionista ha pasado el último siglo negando que hay un país llamado Palestina, incluso cuando perpetra asesinatos en masa y expulsa a los palestinos. Ahora, parece que Google, siguiendo el ejemplo sionista, ha expulsado a Palestina del ciberespacio”, denunció el activista.

 Imagen capturada de Google que demuestra la localidad palestina en lugar del país palestino en su buscador.

 

Peled dijo que para asegurarse de que no ha ocurrido un error al respecto, buscó la palabra Columbia, en referencia a la ciudad estadounidense que alberga más de 100.000 personas. Esta vez, la respuesta de Google fue el país latinoamericano, Colombia, y no la ciudad estadounidense.

El buscador de Google muestra el país Jamaica.

 

Por último, denunció que Google es aparentemente parte de la entidad sionista dedicada a hacer desaparecer a Palestina del mapa.

 

FUENTEhttp://hispantv.com/newsdetail/palestina/257106/google-borra-mapa-palestina-peled


RT | 4 Abril 2016 | Vladímir Lepiojin

Mientras los militares rusos repelen a los terroristas lejos de sus fronteras, en Siria, el principal enemigo global está reforzando paso a paso sus posiciones, cerca y dentro de Rusia, cree el analista internacional Vladímir Lepiojin.

“Una nueva guerra mundial que, según algunos, está a punto de estallar y que, según otros, no podrá enredar a Rusia, se viene llevando a cabo. Y Rusia, como objetivo principal de esta guerra está sufriendo a diario pérdidas físicas, económicas, socioculturales, de reputación y de otro tipo”, escribe el politólogo en un artículo para RIA Novosti.

Lepiojin subraya que los sujetos de la nueva guerra global no son Estados, como solían serlo a mediados del siglo pasado, sino los propietarios y beneficiarios del llamado mercado global. Son ellos y no los islamistas o países concretos los que han puesto sus bases cerca de las fronteras rusas, organizado el golpe de Estado en Ucrania, los que han impuesto sanciones económicas contra Rusia, lo que están lanzando desinformaciones en su contra, eliminando a los rusohablantes del este de Ucrania y los que siembran la discordia entre los vecinos de Rusia, señala.

Las élites empresariales globales marcan la pauta de la globalización, definen los objetivos estratégicos y determinan el grado y dirección del uso de fuerza. Mientras tanto, afirma el autor, países como Turquía, Catar, Polonia y Arabia Saudita son los regimientos de vanguardia de la supersociedad occidental, llamados a realizar ataques en volúmenes y direcciones determinados.

Además, están aquellos que deben morir en el campo de batalla, física o moralmente, en aras de los intereses del cliente global. Son mercenarios de compañías militares privadas, terroristas así como periodistas y políticos empleados para fines concretos de índole militar.

Peculiaridades de la nueva guerra

El analista acentúa que la “nueva guerra mundial no es una lucha por territorios sino por las palancas de mando de la conciencia de las masas y élites”.

Según él, en esta etapa se desarrolla una guerra por la reprogramación de la mayor parte del mundo y su peculiaridad es que no hace falta eliminar a los enemigos físicamente.

“La tarea consiste en desarmar al enemigo de manera voluntaria o causar una guerra civil en su territorio, algo que ya ha sucedido en Ucrania y debe suceder, según los diseños de los estrategas occidentales, en Rusia”, recalca Lepiojin.

A este respecto el control por el ciberespacio es equiparable al monopolio en las armas nucleares.

“Las modernas redes sociales y las grandes empresas de tecnologías informáticas son comparables a las bombas atómicas, pero la destrucción es suave y desapercibida”, acentúa.

 

FUENTE: https://actualidad.rt.com/actualidad/203804-nueva-guerra-global-bombas-nucleares-ciberespacio


“Yo trabajé con presidentes, personalidades públicas con mucho poder e hice muchísimas cosas que finalmente, de absolutamente ninguna me arrepiento porque lo hice con plena convicción y bajo un objetivo claro, acabar las dictaduras y los gobiernos socialistas en Latinoamérica”

Andrés Sepúlveda afirma haber alterado campañas electorales durante ocho años dentro de Latinoamérica.

Bloomberg Businessweek | 31 de marzo, 2016 | Jordan Robertson, Michael Riley, y Andrew Willis

Bloomberg Businessweek CoverJusto antes de la medianoche Enrique Peña Nieto anunció su victoria como el nuevo presidente electo de México. Peña Nieto era abogado y millonario, proveniente de una familia de alcaldes y gobernadores. Su esposa era actriz de telenovelas. Lucía radiante mientras era cubierto de confeti rojo, verde y blanco en la sede central del Partido Revolucionario Institucional, o PRI, el cual había gobernado por más de 70 años antes de ser destronado en el 2000. Al devolver el poder al PRI en aquella noche de julio de 2012 Peña Nieto prometió disminuir la violencia ligada al narcotráfico, luchar contra la corrupción y dar inicio a una era más transparente en la política mexicana.

A dos mil millas de distancia (3.200 kilómetros), en un departamento en el lujoso barrio de Chicó Navarra en Bogotá, Andrés Sepúlveda estaba sentado frente a seis pantallas de computadores. Sepúlveda es colombiano, de constitución robusta, con cabeza rapada, perilla y un tatuaje de un código QR con una clave de cifrado en la parte de atrás de su cabeza. En su nuca están escritas las palabras “</head>” y “<body>”, una encima de la otra, en una oscura alusión a la codificación. Sepúlveda observaba una transmisión en directo de la celebración de la victoria de Peña Nieto, a la espera de un comunicado oficial sobre los resultados.

Cuando Peña Nieto ganó Sepúlveda comenzó a destruir evidencia. Perforó agujeros en memorias USB, discos duros y teléfonos móviles, calcinó sus circuitos en un microondas y luego los hizo pedazos con un martillo. Trituró documentos y los tiró por el excusado, junto con borrar servidores alquilados de forma anónima en Rusia y Ucrania mediante el uso de Bitcoins. Desbarataba la historia secreta de una de las campañas más sucias de Latinoamérica en los últimos años.

Sepúlveda, de 31 años, dice haber viajado durante ocho años a través del continente manipulando las principales campañas políticas. Con un presupuesto de US$600.000, el trabajo realizado para la campaña de Peña Nieto fue por lejos el más complejo. Encabezó un equipo de seis hackers que robaron estrategias de campaña, manipularon redes sociales para crear falsos sentimientos de entusiasmo y escarnio e instaló spyware en sedes de campaña de la oposición, todo con el fin de ayudar a Peña Nieto, candidato de centro derecha, a obtener una victoria. En aquella noche de julio, destapó botella tras botella de cerveza Colón Negra a modo de celebración. Como de costumbre en una noche de elecciones, estaba solo.

La carrera de Sepúlveda comenzó en 2005, y sus primeros fueron trabajos fueron menores – consistían principalmente en modificar sitios web de campañas y violar bases de datos de opositores con información sobre sus donantes. Con el pasar de los años reunió equipos que espiaban, robaban y difamaban en representación de campañas presidenciales dentro de Latinoamérica. Sus servicios no eran baratos, pero el espectro era amplio. Por US$12.000 al mes, un cliente contrataba a un equipo que podía hackear teléfonos inteligentes, falsificar y clonar sitios web y enviar correos electrónicos y mensajes de texto masivos. El paquete prémium, a un costo de US$20.000 mensuales, también incluía una amplia gama de intercepción digital, ataque, decodificación y defensa. Los trabajos eran cuidadosamente blanqueados a través de múltiples intermediarios y asesores. Sepúlveda señala que es posible que muchos de los candidatos que ayudó no estuvieran al tanto de su función. Sólo conoció a unos pocos.

Sus equipos trabajaron en elecciones presidenciales en Nicaragua, Panamá, Honduras, El Salvador, Colombia, México, Costa Rica, Guatemala y Venezuela. Las campañas mencionadas en esta historia fueron contactadas a través de ex y actuales voceros; ninguna salvo el PRI de México y el Partido de Avanzada Nacional de Guatemala quiso hacer declaraciones.

De niño, fue testigo de la violencia de las guerrillas marxistas de Colombia. De adulto se unió a derecha que emergía en Latinoamérica. Creía que sus actividades como hacker no eran más diabólicas que las tácticas de aquellos a quienes se oponía, como Hugo Chávez y Daniel Ortega.

Muchos de los esfuerzos de Sepúlveda no rindieron frutos, pero tiene suficientes victorias como para decir que ha influenciado la dirección política de América Latina moderna tanto como cualquier otra persona en el siglo XXI. “Mi trabajo era hacer acciones de guerra sucia y operaciones psicológicas, propaganda negra, rumores, en fin, toda la parte oscura de la política que nadie sabe que existe pero que todos ven“, dice sentado en una pequeña mesa de plástico en un patio exterior ubicado en lo profundo de las oficinas sumamente resguardadas de la Fiscalía General de Colombia. Actualmente, cumple una condena de 10 años por los delitos de uso de software malicioso, conspirar para delinquir, violación de datos y espionaje conectados al hackeo de las elecciones de Colombia de 2014. Accedió a contar su versión completa de los hechos por primera vez con la esperanza de convencer al público de que se ha rehabilitado y obtener respaldo para la reducción de su condena.

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Al margen de la ley, exige escribir de manera manuscrita un recibí al dorso de la ficha policial donde constan la fotografía y los datos personales

Publico.es | 5 Febrero 2016 | JULIA PÉREZ

La Policía ha comenzado a exigir a los ciudadanos que acuden a comisaría para renovar el Documento Nacional de Identidad electrónico que completen la ficha policial con un recibí escrito a mano en el reverso.

El cartón consta en una cara de los datos personales del ciudadano, así como su fotografía y firma, que se escanean, y las huellas dactilares de los dedos índices de ambas manos.

Sin embargo, los funcionarios obligan, para entregar el DNI electrónico y sus claves, que al dorso se escriba a mano: “He recibido el DNI…”, con la fecha completa manuscrita y la firma.

La petición parece inocente, pero el resultado es que se ha establecido la obligación de dejar una muestra de la escritura de cada ciudadano en una ficha policial que constará en los archivos del Ministerio del Interior.

Si hay algo que identifica a una persona es su código genético, su huella dactilar o su escritura. Por lo tanto, el inocente recibí supone, en la práctica, conservar en una ficha policial una muestra del cuerpo de letra de cada español.

Tamaña exigencia debería estar amparada por una Ley Orgánica que expusiera la necesidad de conservar la escritura de cada ciudadano. Pero no existe norma alguna que ampare conservar una muestra manuscrita de cada persona.

Un portavoz de la Policía Nacional sostiene que los funcionarios requieren un recibí “para entregar las claves electrónicas del DNI electrónico en un sobre cerrado”, que son únicas.

“La firma es lo único que se escanea, no el recibí”, explica dicho portavoz policial quedesmiente que el objetivo perseguido sea fichar el cuerpo de escritura de los españoles, ni que vaya a ser utilizado en el futuro contra alguien: “Un juez jamás aceptaría una prueba basada en este recibí”, apostilla.

Sólo se exige manuscrito para aceptar cláusulas abusivas

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