A pesar de la que hay montada en el mundo y de toda la parafernalia que cada día más acelerada y descaradamente sigue perpetrando la élite para seguir con sus planes parece que nos cuesta salir del letargo y enterarnos de lo peligrosa que es la obediencia ciega.
Hace mucho tiempo que se desvirtuó la palabra autoridad. Etimológicamente significa el acatamiento natural de la superioridad de una persona en función de un determinada actividad o saber para nuestro progreso.  La “autoridad” se podría aplicar a toda persona cuyo conocimiento sea superior al nuestro y cuya obediencia nos supone una mejora en nuestra condición. Pero es que se aplica desde hace demasiado tiempo a los instrumentos de poder del gobierno sin tener ninguna legitimidad real.  Ahora su significado ha cambiado y se refiere a aquellos que gobiernan o ejercen el mando aunque el acatamiento de esa jerarquía no nos suponga ninguna mejora en nuestra condición, sino todo lo contrario.

Soy nacido muy alto para ser convertido en propiedad,
para ser segundo en el control
o útil servidor e instrumento
de ningún Estado soberano del mundo”. King John. Shakespeare.

Teniendo en cuenta que empezamos a tener bastante claro que el gobierno no trabaja por nuestro bien (solo hay que dejar atrás el miedo y empezar a informarse de verdad en este blog o en otros tantos para empezar a discernir) en Información por la Verdad nos hacemos un par de preguntas:
  •  ¿Con qué derecho los gobiernos nos imponen su autoridad si nos han demostrado que son una panda de ejecutores de los planes de la corporatocracia?
  • ¿Por qué obedecemos ante esa supuesta autoridad a pesar de que nos sigue estrechando la soga al cuello?
Y es que aún más peligrosa que la cadena de mando de la “autoridad” lo es la cadena de obediencia de los “súbditos”. Veamos el siguiente vídeo, que resume muy bien lo que queremos decir con esto.

Para ampliar, no os perdáis el documental: “El juego de la Muerte” donde se muestra este tema de manera excelente, con la experimentación, estudiando los factores que permiten que unos pocos tengan controlados al resto. Viendo este impactante documental podemos vernos en el espejo y observar hasta que punto estamos dormidos y como nos dejamos llevar por la supuesta autoridad hasta límites peligrosos, y todos esos ingredientes como si formasen parte de un concurso de televisión. Como la vida misma, oiga…

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