Antiguo pero muy interesante y de actualidad artículo de la red Global Research que recupera la página Detectives de Guerra.

Global Research | Abril de 2013 | Julie Lévesque

 

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Los derechos de la mujer se esgrimen cada vez más como un útil recurso para nuevos planes imperialistas.

Los jefes de Estado occidentales, los altos cargos de las Naciones Unidas y los portavoces militares elogiarán invariablemente la dimensión humanitaria de la invasión de Afganistán de octubre de 2001 dirigida por la OTAN y Estados Unidos, que supuestamente se llevó a cabo para luchar contra el fundamentalismo religioso, ayudar a las niñas a ir a la escuela y liberar a las mujeres sometidas al yugo talibán.

La lógica de esta dimensión humanitaria de la guerra de Afganistán es cuestionable. Conviene recordar que desde el inicio de la guerra afgano-soviética Estados Unidos apoyó a los talibán como parte de una operación encubierta dirigida por la CIA.

Tal como lo describe la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA):

“Estados Unidos y sus aliados trataron de legitimar su ocupación militar de Afganistán bajo la bandera de “traer la libertad y la democracia al pueblo afgano”. Pero según hemos experimentado en las últimas tres décadas, con relación al destino de nuestro pueblo el gobierno estadounidense considera en primer lugar sus propios intereses políticos y económicos, y ha conferido poder y equipado a las bandas fundamentalistas más traidoras, antidemocráticas, misóginas y corruptas de Afganistán”.

Fue Estados Unidos quien instaló el régimen talibán en Afganistán en 1996, una estrategia de su  política exterior que tuvo como resultado la desaparición de los derechos de las mujeres afganas:

“Según la NSDD 166 [Directriz de Decisión de Seguridad Nacional nº 166], la ayuda estadounidense a las brigadas islámicas canalizada a través de Pakistán no se limitaba a la ayuda militar de buena fe. Por medio de la Agencia Estadounidense para Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) Washington también ayudó y financió el proceso de adoctrinamiento religioso cuya finalidad era garantizar la desaparición de las instituciones laicas” (Michel Chossudovsky, 9/11 ANALYSIS: From Ronald Reagan and the Soviet-Afghan War to George W Bush and September 11, 2001, Global Research, 9 de septiembre de 2010),

Estados Unidos financió generosamente las escuelas religiosas:

“La educación en Afganistán en los años anteriores a la guerra afgano-soviética era en general laica. La educación encubierta estadounidense destruyó la educación laica. La cantidad de escuelas religiosas (madrasas) patrocinadas por la CIA aumentó de 2.500 en 1980 a más de 39.000 [en 2001]” (Ibid).

Afghan women.(AFP Photo / Shah Marai)

Foto: Mujeres afganas hoy (Foto: AFP Photo / Shah Marai)

Foto: mujeres afganas en la década de 1970 antes de la intervención dirigida por la CIA.

Algo que desconoce el público estadounidense, Estados Unidos difundió las enseñanzas de la yihadislámica en libros de texto “made in America” elaborados en la universidad de Nebraska:

“[…] Estados Unidos gastó millones de dólares para suministrar a las niñas y niños afganos en edad escolar libros de texto repletos de imágenes violentas y de enseñanzas militantes islámicas, que eran parte de los intentos encubiertos de fomentar la resistencia a la ocupación soviética.

Los manuales, que estaban repletos discursos sobre la yihad y mostraba dibujos de pistolas, balas, soldados y minas, han servido desde entonces como principal programa de estudios de sistema escolar afgano…

La Casa Blanca defiende el contenido religioso afirmando que los principios islámicos impregnan la cultura afgana y que los libros son absolutamente acordes a la legislación y política estadounidense. Sin embargo, expertos legales se preguntan si los libros violan una prohibición constitucional de emplear dinero de los contribuyentes para promocionar la religión.

[…] Altos cargos de USAID afirmaron en varias entrevistas que dejaron intacto el material islámico porque temían que los educadores afganos rechazaran los libros que carecieran de una fuerte dosis de pensamiento musulmán. La agencia quitó su logotipo de los libros y toda mención al gobierno estadounidense, afirmó la portavoz de USAID Kathryn Stratos.

“El apoyar instituciones religiosa no es una política de USAID”, afirmó Stratos, “pero continuamos con el proyecto porque el propósito principal es [. . .] es educar a los niños, que es predominantemente una actividad laica”.

[…] Publicados en las lenguas afganas dominantes dari y pastún, los libros de texto se crearon a principios de la década de 1980 gracias a una subvención de USAID a la universidad de Nebraska-Omaha y su Centro para Estudios Afganos. La agencia gastó 51 millones de dolares en programas de educación universitaria en Afganistán de 1984 a 1994” (Washington Post, 23 de marzo de 2002).

Retrospectiva histórica

Antes de que los talibán llegaran al poder, las mujeres afganas tenían una vida que en muchos sentidos era similar a la de las mujeres occidentales (véase abajo las fotos): Sigue leyendo