La antropóloga Martha Mundy denuncia el silencio de las grandes potencias sobre la guerra en Yemen. Y recuerda la importancia de ese país para Arabia Saudita e Israel.

Red Voltaire | 6 de Octubre de 2015 | Martha Mundy

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¿Qué está pasando en Yemen y por qué las violaciones sistemáticas de las convenciones de Ginebra, violaciones mucho más numerosas allí que en cualquiera de las últimas guerras que los poderes occidentales han desatado –contra Irak, Siria, Libia y Gaza–, prosiguen rodeadas del más profundo silencio?

Desde hace 6 meses se impuso a ese país un bloqueo que afecta los alimentos, el combustible y la distribución de ayuda humanitaria –incluyendo la ayuda proveniente de la ONU– en el marco de una estrategia de guerra. También se perpetran allí bombardeos, con armas prohibidas, contra la población civil, contra lugares históricos, escuelas, lugares de culto e instalaciones vinculadas al sector de la salud, así como la destrucción de la infraestructura, lo cual va desde las carreteras hasta las centrales eléctricas, pasando por las instalaciones que garantizaban el tratamiento y distribución del agua.

Todo eso se comete contra un país de más de 20 millones de habitantes, carente de una verdadera defensa antiaérea y tan vulnerable como Gaza a los bombardeos aéreos. Sin embargo, como ha subrayado un funcionario del ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, los principios del derecho internacional humanitario sistemáticamente violados por la agresión contra Yemen son exactamente los mismos que invocan los órganos de la ONU, los gobiernos, los medios de prensa occidentales y las organizaciones no gubernamentales cuando denuncian los crímenes de guerra que Israel comete en Gaza.

En otras palabras, a través de su silencio y de su respaldo a la coalición que está bombardeando Yemen, la comunidad internacional avala la desaparición de todo marco legal en materia de guerra. Un precio muy alto a pagar por la victoria en un conflicto aparentemente tan secundario que no dispone de prácticamente ninguna cobertura mediática.

¿Cómo nos explican este conflicto? Los voceros de los gobiernos occidentales afirman que una milicia (Ansar Allah) ha tomado el control de la capital, obligando el gobierno a exilarse. Así que, como defensores de la «legitimidad», los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU –con excepción de Rusia– han creído vital la rehabilitación del gobierno anterior, a pesar de que la mayor parte de los miembros del ejército nacional de Yemen se han unido a Ansar Allah, que por demás goza de un importante respaldo popular tanto en Sanaa como en el norte de Yemen. Eso está claro.

Lo que raramente nos dicen es que, hace un año, Ansar Allah y otros partidos yemenitas firmaron, bajo la égida de la ONU, un acuerdo político de «Paz y Asociación Nacional» y que finalmente el representante de la ONU fue despedido [1] para sustituirlo por otra persona, se interrumpieron las negociaciones políticas con Ansar Allah y se creó una coalición militar para restablecer la «legitimidad» en Yemen.

Dado que la coalición está destruyendo no sólo el país propiamente dicho sino también el derecho internacional, es evidente que la continuación de las negociaciones políticas habría sido un precio menos alto.

¿Por qué no se optó por esta última variante? Sigue leyendo