Conjugando Adjetivos | 5 de Agosto de 2015 | Tony Fernández Reyes

eugenics

Para poder entender mejor la idea que quiero expresar se hace necesario contextualizarla a lo largo del tiempo para que adquiera el justo peso específico porque una idea vista en un momento dado de la historia, se suele quedar en solo eso, una idea; pero es posible, de hecho es seguro que cualquier tipo de circunstancia que nos afecta hoy en día, para poder explicarla, vamos “tirando de la manta” de una forma cronológica, buscando sus orígenes y no os quepa duda que quedaremos fascinados, como es en este caso.
Referente a la eugenesia, darwinismo social e ingeniería social hay que empezar en el siglo XIX que fue la maceta donde germinaron grandes movimientos que sacudieron la filosofía, la política y la ciencia y cuyas luces y sombras, a principios del siglo XXI, aún nos siguen afectando. Durante el siglo XIX nada estaba realmente diferenciado, los grandes descubrimientos científicos se interrelacionaban con los movimientos filosóficos y religiosos que conformaban la moral de las sociedades y, por tanto, buena parte de las políticas de sus gobiernos. Fue en este contexto en el que Charles Darwin, tras viajar en el Beagle dos años y después de varios más analizando sus muestras y observaciones, decidió hacer pública su teoría sobre la evolución de las especies.(sobre esta teoría hay mucho que decir, pero no es el tema de hoy).
La “supervivencia del más apto”, término que no fue acuñado por Darwin sino por el filósofo británico Herbert Spencer, o la “selección natural”, que sí se le debemos al naturalista, dieron el salto de lo meramente biológico al campo de la filosofía y de la naciente sociología. Francis Galton, además de primo de Darwin, fue un hombre de ciencia polifacético. Sus estudios sobre herencia ayudaron a desarrollar lo que se conocería décadas después como genética y también fundó y promovió la eugenesia, pseudociencia que propugna la mejora de la especie humana.
Galtón y otros consideraban que dentro de la Humanidad, los diferentes grupos combatían entre sí mediante mecanismos de competencia darwiniana, de forma que los más exitosos eran los portadores de las características más avanzadas y “perfectas” y, por tanto, los más aptos y lógicamente, el futuro (interpretando por más aptos la elite de la clase alta, claro). No sólo las personas con enfermedades hereditarias o socialmente rechazables como la epilepsia, sino las que padecían problemas como el alcoholismo o incluso aquellas que por circunstancias variadas tenían que practicar actividades como la mendicidad o la prostitución, pronto se pusieron en el punto de mira de sus partidarios. Por supuesto, la raza era otro factor demasiado importante para desecharlo y es que el racismo en esa época no era un concepto tan denostado como en la nuestra.
Las justificaciones sociales también encontraron su lugar. El criminólogo italiano Cesare Lombroso hablaba de imbéciles morales refiriéndose a aquellos individuos que no habían alcanzado un adecuado grado de evolución, por lo general locos peligrosos, asesinos natos y epilépticos, encontrando así una explicación para los comportamientos antisociales.
La eugenesia tenía dos formas de llevarse a cabo. La primera era evitar que determinados grupos se aparearan entre sí. Este sistema segregacionista se definió como eugenesia positiva y permitía en teoría salvaguardar los supuestos caracteres positivos de los individuos superiores. Este concepto es más antiguo aun refiriéndome a la endogamia tanto entre casa reales como entre familias de alto poder económico como los Rotchschild, Rockefeller, Morgan…La segunda, la eugenesia negativa, consistía bien en que no pudieran reproducirse quienes formaran parte de los grupos considerados inferiores, es decir, en su eliminación como sujeto reproductor, bien en su asesinato, acelerando de esta manera el que desde su punto de vista era el proceso natural. Ambos sistemas encontraron lugar en las políticas de los gobiernos de muchos países occidentales. El darwinismo social había encontrado una herramienta perfecta para su máxima expresión, mucho más poderosa que la simple y execrable opinión de un ciudadano con mayor o menor poder o influencia: había encontrado el Estado.

Tendemos a pensar que la eliminación, el asesinato de miles de personas cuyo principal crimen es padecer una enfermedad congénita, una tara física o psíquica o simplemente, ser rechazado por una determinada elite social, era propia de estados totalitarios donde una moral diabólica abogaba por su desaparición o de sociedades antiguas como la de Esparta donde los niños con malformaciones eran sacrificados, pero eso no es toda la verdad. Conviene recordar también que países con regímenes perfectamente democráticos abrazaron las tesis eugenésicas en forma de políticas sociales. Varios gobiernos europeos legislaron y pusieron en práctica leyes de inspiración eugenésica en las primeras décadas del siglo XX y, como veremos, hasta la década de los sesenta del siglo XX se siguió llevando a la práctica en Europa.
En Gran Bretaña, el Galton Laboratory for National Eugenics, con sede en el University College de Londres, y en Estados Unidos, el Eugenics Record Office, perteneciente a la Carnegie Institution, se pusieron a la cabeza de las investigaciones en este siniestro campo. Los artículos e investigaciones tuvieron suficiente presencia en periódicos y revistas y fueron consiguiendo adeptos.(hecho patrocinado por la elite de la época para justificar la injusticia social así como para justificar las barbaridades que se llevaban a cabo en las colonias. Así comenzaba un siniestro plan que a lo largo de la historia ha ido evolucionando y perfeccionándose hasta nuestros dias).
El periodista H. L. Mencken propuso un programa de esterilización para los aparceros del sur de Estados Unidos. En Francia, Lapouge llegó a promover la extinción de pueblos enteros si el gobierno no imponía límites a la reproducción. Tanto “clamor popular” no fue pasado por alto por los políticos y, poco a poco, se fueron creando organismos públicos que estudiaron la situación. Casi todos los estados que formaban Estados Unidos tenían algún organismo que promovían la segregación y, entre 1900 y 1935, treinta y dos de ellos promulgaron leyes de esterilización forzosa a consecuencia de las cuales se “trataron” a más de 70.000 norteamericanos. Todas las naciones nórdicas desarrollaron algún tipo de medida legislativa que promulgaba alguna medida de carácter eugenésico.
En 1914, el Eugenics Record Office de Davenport pidió poner en funcionamiento un programa estatal que pretendía esterilizar una décima parte de la población en cada generación con la intención de suprimir la herencia de “esa parte sumergida e inútil” que afectaría en una primera parte a un total de 15 millones de personas. El estudio aseguraba que tal medida sería aceptada por la gran mayoría de la opinión pública. Afortunadamente, no se llegó a poner en marcha. Por otra parte, el Tribunal Supremo llegó a apoyar la constitucionalidad de un modelo eugenésico redactado por la Eugenics Record Office y promulgado en Virginia para esterilizar a los pacientes y residentes en instituciones psiquiátricas estatales.
La idea cuajó y Alemania terminó desencadenando la Primera Guerra Mundial. La Liga Monista apoyó el esfuerzo de guerra y, tras la derrota, buena parte de sus miembros abrazaron con alegría el Partido Nacionalsocialista. En 1933, Alemania aprobó la Ley para la Prevención de la Progenie Genéticamente Enferma que ordenaba la esterilización de personas que “padecieran” debilidad mental congénita, esquizofrenia, manía depresiva, alguna deformidad física grave, ceguera o sordera hereditarias, o incluso un fuerte alcoholismo, todo ello establecido por un tribunal de salud pública. El nazismo encontró una sociedad preparada para poner en marcha buena parte de las políticas genocidas que lo caracterizan. Lo que vino después, me lo salto porque lo sabe todo el mundo.
En los años cincuenta, Stalin no se quedó atrás en toda esta esquizofrenia cuando en un año mató literalmente de hambre a siente millones de ucranianos.
La actividad eugenésica no cesó pese a lo que se pueda creer, en la década de los 60, miles de “débiles mentales” fueron esterilizados en los países escandinavos donde los dirigentes políticos y genetistas aplicaron medidas de esterilización forzada porque temían que el Estado de Bienestar impulsara a los “inaptos” a reproducirse. Entre 1934 y 1975, 63.000 personas, de las cuales 90% eran mujeres, fueron esterilizadas autoritariamente en Suecia, y 48.000 en Noruega. Y, a dia de hoy, un referente claro eugenistico es la política oficial en salud materno-infantil de China.
La pregunta es ¿ existe hoy en día algún tipo de condicionamiento o directrices planteadas por la elite para continuar con esta ideología eugenista y de control sobra las “clases menos aptas”? Desgraciadamente, la respuesta es si.
Por tanto, las teorías evolutivas de Darwin y Spencer marcan un giro importante en el debate científico a partir de la segunda mitad del siglo XIX, que coincide también con un cambio en las motivaciones sociales. Aparece una ideología paralela, específica del empresariado industrial: la doctrina del laissez-faire, que, en un contexto capitalista, justifica la competencia, el trabajo asalariado, los beneficios y la acumulación de capital. Spencer y Darwin habrían sido capaces de conectar la guerra y la competencia en el mercado encontrando un componente común: la lucha por la vida operando en todas las esferas de la vida, en una única ley de la evolución, “para completar así la biologización de la historia sin abandonar el sueño de la Ilustración del progreso universal”. La teoría de la selección natural y la lucha por la existencia, se hallaba en consonancia con el principio de libre mercado y la competencia abierta del liberalismo económico imperante. Este concepto liberal ha ido evolucionando hasta nuestros días dando como resultado lo que se conoce como globalización.
La “sociedad capitalista” es el terreno, como lo describió Darwin, donde cada uno compite con los demás bajo condiciones muy duras y brutales, donde solamente sobreviven los más fuertes, donde los débiles y desprotegidos son eliminados y aplastados y donde domina la competencia despiadada. Y ha sido desde entonces hasta nuestros días que la elite que ostenta el poder han trazado una línea ideológica basada en la “ley del más fuerte”, creando líneas de actuación “sutiles” para tener a las clases más débiles bien atadas y manejadas. Suena fuerte, pero es así. Desde entonces han ido tejiendo un entramado que abarcan todas las disciplinas de esta nuestra sociedad: educación, salud, política, filosofía, medios audiovisuales, etc. Han logrado crear una sociedad donde nos creemos libres y la realidad deja mucho que desear.
Hasta aquí todo parece una historia de ciencia-ficción, pero empecemos a dar nombres y relaciones para que el tema adquiera credibilidad:
Como he dicho, estas pretensiones no se quedaron en teoría. La intelectualidad  europea tenía un plan de praxis que nunca ocultó y con el que fantaseaban en sus obras sin ningún tipo de complejo: buscaban construir una “nueva sociedad” (sic, así dijo por ejemplo Proudhon), un “nuevo hombre” (sic, así dijo por ejemplo Nietzsche), una “nueva ciencia” (sic, así dijo por ejemplo, Galton). No sólo se contentaron con negar a Dios, repudiar a Dios, “matar a Dios”… osaron también intentar sustituirlo.
Comenzaron a jugar a ser Dios, creando hombres ideales, ciudades ideales, sociedades ideales. Esta blasfemia se apoyó en una comunidad científica financiada por la misma minoría industrial-bancaria que ahora mismo se jactan de ser los dueños del mundo. La élite científica de finales del siglo XIX se arremolinó alrededor de un único centro institucional: Londres. Karl Marx era alemán, pero redactó y publicó el Manifiesto Comunista en Londres (de hecho, él mismo está enterrado en Highgate).
Sigmund Freud era austriaco, pero se fue a “teorizar” a Londres (él mismo, vivía en Maresfield Gardens). Elliot Jaques era canadiense, pero se mudó a Londres para trabajar en Tavistock Institute. ¿Por qué Londres? Pues porque toda hueste de este monstruo tiene allí su nido así como en ciertas universidades renombradas estadounidenses.
Una de las pocas familias involucradas en este experimento de élite científico-racial fueron los Huxley; y esto nos lleva directamente al fiel H.G. Wells, socialista fabiano perro bulldog de Charles Darwin (no le estoy insultando: así fue llamado en su tiempo).
Este círculo científico vivía y trabajaba (y trabaja) con un objetivo que sus escritos nunca ocultaron: construir una sociedad ideal jerarquizada a través de una ciencia secular representada por una escasa minoría científica que en última instancia rinde pleitesía a la elite. H. G. Wells, que fue alumno de T.H. Huxley (el “perrito” darwinista) en la Royal College of Science. Muchos piensan en la actualidad que Wells fue sólo un novelista de ciencia-ficción, pero si leemos sus libros de no-ficción, encontraremos un buen montón de folletos de propaganda New World Order (literalmente; así se refería al proyecto fabiano: New World Order). Julian Huxley (nieto del bulldog), que dijo: “Si introducimos una sociedad que devalúe la vida humana y sacamos a la humanidad de su altar como ser privilegiado del planeta, entonces podremos llevarlo a nuestra sociedad controlada como población útil.” Pero el programa de ingeniería social de la tiranía científica no lo escribió un británico, sino un judío austriaco, Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, que pasaba sus últimos días activos en el Tavistock de Londres.
El primer ensayo fueron los años veinte (The Happy Twenties). En periodo de entreguerras, instituciones norteamericanas en estrechísima hermandad con las británicas, implementaron la primera revolución sexual: Charleston dance, cigarrillos para mujeres, cabarets… el cine sonoro aparece en 1927 de manos de la productora Warner (“The Jazz Singer”), se introduce en la sociedad la cocaína (los Freud y compañía ya la habían estado probando empíricamente años atrás), y las mujeres se cortan el pelo como los hombres. Consecuencias: se quintuplica en Estados Unidos el número de orfanatos controlados por el gobierno, se triplica el número de divorcios, y se multiplica en una proporción no determinada el número de contagios de enfermedades venéreas.
Asombrados por la vía de manipulación de masas abierta, Lavrenti Beria dijo en la reunión de la Internacional Socialista en 1934: “Llevaba un siglo alterar la estructura cultural de una nación. Con los medios que tenemos ahora se puede cambiar en cinco años.” Esto lo dijo Beria en 1934… ¡y ni los soviéticos, ni los anglo-americanos tenían aún televisión, ni videoclip, ni muchos menos Facebook! Los felices años veinte fue sólo un frugal aperitivo.
la II Guerra Mundial deja millones de huérfanos, infancias rotas y familias mutiladas. La consecuencia política directa de la II Guerra Mundial fue la actualización de la Sociedad de las Naciones (definida por el portavoz faldero del socialismo fabiano H.G. Wells como “el núcleo del gobierno mundial”): nace la ONU con sede en el solar neoyorkino propiedad de la familia Rockefeller.
¿Y a quién tenemos como primer director de la plataforma científica, cultural y educacional de la ONU (UNESCO)? A Julian Huxley, el nieto de Thomas Henry Huxley, el endogámico bulldog de Darwin. La misma familia; el mismo programa. El hermanito de Julian, Aldous Huxley fue quien publicó años atrás “Brave New World”, novela mala en donde se fantasea alrededor de “los nuevos paradigmas familiares abiertos por la tecnología” (sic.) ¿Qué paradigma es ese? Familias sin familia: niños educados científicamente a través de herramientas tecnológicas en manos de la élite europea.
En este contexto entra en escena una pieza de ajedrez importante:
Bertrand Russell. Lord, Sir, Conde de Russell, nieto del Duque de Bedford… ¿Tenéis claro para quién trabajó este señor? Russell, tras estudiar en Cambridge y Los Angeles, se puso a trabajar en el Trinity College británico, llevando a cabo estudios que sólo la maldad de la maldita Corona británica pueden permitir y financiar. “The Impact of Science on Society” (1951) ya nos habla de una sociedad diseñada y fabricada por una tiranía tecnocrática: “made society”, “design society”, “create culture”… son expresiones cotidianas en la fraseología russelliana. El señor Russell dijo :
“Al construir una sociedad narcisista en donde todos están preocupados por sí mismos, la población no se levantará por nada ni nadie; y así el gobierno dominará a cada individuo directamente.”
A partir de la segunda mitad del siglo XX, comienza una escalada de ataques a la estructura social y familiar de todo el mundo, con periódicas revoluciones culturales y tecnológicas que arrasarán los resquicios de sustratos culturales genuinos. Apriétense los cinturones.
Conocemos los detalles del plan de destrucción familiar no tanto por Bertrand Russell (que supo esconderse tras su figura pública), sino por Jacques Ellul. Russell ganó el Premio Nobel; a Ellul no le dieron ningún premio así. Russell tenía más medallas que Michael Phelps (Sylvester, De Morgan…); Ellul no fue condecorado por el Establishment científico. No voy a poner a Jacques Ellul en un pedestal que no merece, pero lo cierto es que la crítica voz de Ellul es el más explícito testimonio de lo que en realidad estaba llevando a cabo el socialismo tecnocrático europeo. La obra de Ellul señala lo que él llamó “la societé technicienne”. La propaganda tecnocrática no busca adoctrinar al esclavo con argumentos lógicos, sino que va directamente al aspecto emocional del ser humano donde éste se encuentra intelectualmente indefenso. Es por ello por lo que el sentimentalismo es el dominio preferido de los medios de propaganda.
Y es por ello por lo que la sexualidad es diseccionada y actualizada como engendro a través de una devastación del hombre y de la mujer (ellos lo llamarán “revolución sexual”).
Devastación de la mujer; actualización del arquetipo femenino: Galton, Wells, Huxley, Russell (todos ellos hombres)… todos hicieron explícito identificar a la familia tradicional como el enemigo a batir en su “sociedad ideal”. Si meditamos en ello es lógico que no haya nada más temible para los globalistas que la capacidad de amor, protección y ternura inhatas en toda mujer. Si la fuerza política quiere adoctrinar a las nuevas generaciones, saben que tienen que: a) aniquilar a las madres; o b) convertir a las madres en estériles repetidores de propaganda.  ¿Qué hicieron? Hicieron ambas cosas.
Siguiendo el principio de Darwin ya citado, tanto los soviéticos como los banqueros-industriales anglo-americanos (en última instancia, son los mismos) financiaron periódicas revoluciones culturales, que dieron una ilusión de liberación a una mujer que, a partir de ese momento, se vio obligada a competir laboralmente. El éxito inmediato de esta maniobra fue la duplicación de la recaudación fiscal: ahora, el Establishment se garantizaba un doble resultado con el saqueo a través de los impuestos tanto del padre como de la madre (los dos trabajan, los dos cotizan, los dos son sangrados). Por supuesto, la maniobra no se quedaba ahí: la educación de los hijos de las llamadas madres trabajadoras fue adjudicada a una recién estrenada televisión que en los años cincuenta y sesenta hace su estelar aparición. Los índices de divorcio se dispararon exponencialmente a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX; también el de los abortos y el de los orfanatos gubernamentales. Todo el movimiento feminista fue financiado y soportado por las mismas instituciones públicas y privadas que aquí se han citado. La implementación de todo esto fue (y es) global, y aunque Europa y Estados Unidos fue su laboratorio de pruebas original, en el siglo XXI ya se puede evaluar su alcance: millones de mujeres incapacitadas y lisiadas científicamente para ejercer como tales, como esposas, como madres, como compañeras de vida. El Novus Ordo Seclorum busca la erradicación de las diferencias sexuales en su dimensión sacra y eminente. Por ello, la mujer moderna es sólo mujer en el aspecto exterior que aún tiene utilidad publicitaria y económica. Si las mujeres cada vez son menos mujeres… ¿Qué está ocurriendo con los hombres?
Devastación del varón; actualización  del arquetipo masculino: ¿Qué está ocurriendo con los hombres? Lo mismo que con las mujeres. Han conseguido neutralizar los activos viriles que necesita toda comunidad para defenderse: el vigor, la valentía y la lealtad. Para ello, la ingeniería social globalista se ha servido de instrumentos de programación de las masas, como el deporte. Los instintos tribales de agrupación y defensa son controlados a través de espectáculos deportivos. Han conseguido que la furia de un varón ante la injusticia, la barbarie y el ultraje, se controle y se canalice a través de la simpatía sentimental hacia un equipo deportivo. Han conseguido disfrazar el sentimiento de pertenencia a una comunidad con los colorines de las camisetas, las mascotas y los aros olímpicos. Han conseguido captar la atención del varón con una simulada pantomima de valores heroicos, sin ningún heroísmo ni ningún valor. Eso es el deporte.
Otro instrumento para desvirilizar al hombre moderno e incapacitarlo de cara a la formación de una familia ha sido el erotismo. La psicología conductivista aplicada a las masas sabe que un varón bombardeado con estímulos eróticos constantes, acaba acostumbrándose al contenido erótico de tal forma que su libido queda desvigorizada y reducida a lo estrictamente biológico-genital. Algunos lectores jóvenes se sorprenderán, pero así es: cuanto más derroche de energía sexual, menos virilidad. Más claro: cuanta más pornografía, menos fuerza viril.
Existen otras herramientas importantes en la desvirilización del hombre moderno, como la industria farmacéutica, la industria alimenticia o la industria del entretenimiento. Incluso en términos cuantitativos y físicos, la OMS reconoce que la calidad del esperma de la población estadounidense se ha reducido en los últimos treinta años en niveles inexplicables. Algo parecido pasa con los europeos y con todos los varones de un mundo ya globalizado. Y si todos reconocen que este mundo ya está globalizado… yo pregunto: díganme, señores, ¿quién lo ha globalizado?
Esto es clave: la familia no ha muerto en menos de un siglo por un proceso natural; se ha cometido un asesinato con alevosía. Existen presupuestos anuales de millones de dólares dirigidos a instituciones, fundaciones y think-tanks que buscan optimizar el control tecnocrático sobre una población valorada como un rebaño de ovejas. Departamentos militares, servicios de inteligencia, ministerios públicos, instituciones filantrópicas… todos persiguen un mismo objetivo (¡llámenlo “socialismo” si quieren, y verán en qué polémica se meten!). La mayoría de los profesionales involucrados en estos organismos no saben (ni quieren saber) para qué agenda están trabajando, y se limitan a actuar según su adiestramiento profesional. El 99,99% de los psicólogos, psiquiatras, sociólogos, educadores, relaciones públicas, publicistas, burócratas varios… van a preferir desoír esta información por una cuestión de mera supervivencia de mentalidad de rata. Siempre van a argumentar: “¡Yo sólo hago mi trabajo!” ¿Y cuál es ese trabajo? Romper la barrera que protege al individuo de un Establishment político muy interesado en controlar cada faceta del ciudadano global. Esa barrera es la familia; y ese ciudadano eres tú.
Parte de ese 0,01% consciente de quién es y qué hace, fue Eric Trist, psicólogo que estudió en Yale (Skull&Bones) y fue alumno de B.F. Skinner. Trist observó la posibilidad de modificar la conducta (de hecho, lo llaman “conductismo”) a través de ciertas técnicas. Existe una palabra clave en el conductismo de masas: “crisis”. ¿Cuál es la época más crítica de todo ser humano? La adolescencia. Por ello, se busca prolongar la adolescencia de la población en sendos límites para prefabricar una sociedad global infantil, inmadura, descentrada, irreflexiva, dispersa, distraída y maleable. En civilizaciones normales, la adolescencia era un corto y natural lapso de tiempo (uno o dos años, a los 15 ó 16 años) que precedía a las responsabilidades de la vida adulta. Tras cien años de trabajo de los think-tank globalistas, la adolescencia es un amorfo tiempo extendido desde los diez años hasta unos indeterminados treinta y tantos (o incluso más). Saben que la mejor forma de garantizar la erradicación de relaciones interpersonales profundas es instigar a tener varios compañeros sexuales durante los críticos años de la adolescencia.
¿Por qué hacer de la población mundial una masa eternamente adolescente? El adolescente es un consumidor nato. El adolescente gasta más. El adolescente es pusilánime. Y sobre todo: el adolescente no es ni un niño ni un adulto; es decir, es completamente dependiente y, al mismo tiempo, es incapaz de formar una estructura familiar independiente. Abrid los ojos y mirad a vuestro alrededor.
MEDIOS Y HERRAMIENTAS DE PROPAGANDA GLOBAL
Joseph Goebbels, profundo conocedor y admirador del trabajo de Bernays, dejó en sus escritos sobre Weltanshauungskrieg en 1939: “En las próximas décadas tendremos medios suficientes para modificar completamente la percepción que el europeo tiene del mundo.” Esos medios –ya lo señaló Le Bay y después Russell- eran medios técnicos, o en definitiva, tecnológicos. La propaganda se serviría de los “nuevos medios” de comunicación que aspirarán a tener un alcance global a lo largo de todo el siglo XX.
Esta propaganda se presenta con apariencia artística, a pesar de que su producción se lleva a cabo desde la antípoda de cualquier arte: la industria. La Unión Soviética tenía una “Industria de la Cultura” que, sin eufemismos soviéticos, no era otra cosa que el aparato de propaganda. En los estados del bloque occidental el término más usado para referirse a esa entidad gubernamental no fue “industria” sino “ministerio”, voz política que está irremediablemente extraída del contexto institucional vaticano. Estos aparatos (en la guerra fría, “industrias” en los comunistas, “ministerios” en los capitalistas) trazaron una línea conjunta de desarrollo coordinada por la UNESCO. Y ahora, en pleno siglo XXI, se comprueba que todas las reformas educativas, las legislaciones científicas y las políticas culturales convergen en un mismo modelo con una simetría asombrosa.
¿Por qué los sistemas educativos tienden a uniformarse en todo el mundo?
¿Por qué se habla de una única comunidad científica internacional?
¿Por qué todos escuchamos la misma música, vemos las mismas películas, vestimos los mismos blue jeans?
Existe una coordinación meta-nacional en todo esto. Esa coordinación de propaganda global se ejecuta actualmente desde Naciones Unidas.
Engañado por ese aparato, el ciudadano global ve arte, cultura y educación, allá donde sólo hay propaganda, propaganda y propaganda. De hecho, aún hoy (ya sin soviets), los propagandistas se refieren a esas herramientas como “industrias”. Aquí señalaremos cinco de esas industrias y un breve resumen de algunos de sus mecanismos.
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