General Monzón-Altolaguirre, un alto mando militar de los servicios de inteligencia españoles se confiesa.

CANARIAS SEMANAL.ORG | 6 Abril 2015 | MANUEL MEDINA

Que la llamada “Transición democrática” fue una operación política montada por la oligarquía española y los Servicios de Inteligencia estadounidenses y alemanes es hoy un hecho incontestable, que pocos historiadores serios se atreven a poner en duda.

Durante décadas, sin embargo, la auténtica naturaleza  de esa  “Transición”  fue ocultada al conocimiento público. Pese a los abrumadores testimonios que proporcionaba la realidad, la historiografía oficial se encargó de presentar  a los protagonistas que la gestionaron como héroes generosos que lucharon denodadamente por devolver a su pueblo  las libertades perdidas cuarenta años atrás. La verdad histórica, no obstante, fue abriéndose paso desde abajo, a contracorriente y contra la resistencia denodada de los cronistas cortesanos que, por cierto, no eran ni son todos de derechas.

El tiempo, como si de una implacable y lenta rueda de molino se tratara,  ha ido pasando por la piedra a los personajes de aquellos momentos y poniéndolos [Img #37063]a cada uno en el lugar que les corresponde.  El  heredero del dictador, Juan Carlos I,  en el que el autócrata hiciera recaer todos sus poderes, fue convertido por la hagiografía oficial en una suerte de príncipe encantado, dechado de sobrevenidas virtudes democráticas y protagonista único del advenimiento de las libertades formales a este país.  El paso de los años, empero, puso en evidencia que, como todos los  borbones que lo precedieron, fue tan solo un simple crápula que terminó convirtiendo  el palacio de La Zarzuela  en una suerte de zoco mercantil  de voluminosas  comisiones y canonjías.  La historia de este siglo XXI solo podrá decir de él que fue un bribón desvergonzado que se vio obligado a dimitir por las presiones de las mismas clases sociales  que lo auparon al trono.

Otro tanto de lo mismo sucedió con el resto de los personajes que participaron en  aquel ingenio político transicional, que pretendió ofrecerse  al mundo como ejemplo de cómo había que salir de una dictadura impuesta por las clases dominantes, para pasar a una “democracia”  formal instaurada también por las mismas clases sociales.

El relato histórico sobre aquella farsa,  a la que el “consenso” entre  las organizaciones de la izquierda y derecha convino en llamar “transición democrática”, ha acumulado en el curso de los últimos años una importante  bibliografía. Entre estas valiosas aportaciones se encuentran los libros de Joan Garcés, “Soberanos e intervenidos”, y Alfredo Grimaldos, “Claves de la Transición 1973-1986).   En  ambos casos, las obras son el resultado de rigurosas investigaciones, que sin duda son hoy referencias obligadas a la hora de entender la naturaleza de aquel proceso político que tuvo lugar en la segunda mitad de la década de los sesenta. Tanto  Garcés como Grimaldos, atendiendo a los datos recogidos en el curso de su trabajo, formularon la interpretación política e histórica que correspondía a aquellos acontecimientos.

 

BREVE BIOGRAFÍA DE UN AGENTE DEL ESPIONAJE MILITAR

Pero  hasta el momento presente no se había contado – que sepamos-  con el testimonio  directo de quienes, desde un puesto en la intendencia  de aquella operación,  escribían el guión para los personajes de guiñol  que aparecían ante la luz pública  como protagonistas en el escenario de aquellos  acontecimientos.

Ahora, desaparecido  Adolfo Suárez y abdicado el Borbón, el enlace entre los Servicios Secretos Españoles, la CIA estadounidense y el BND alemán, un general del Ejercito español, se ha decidido a hacer públicos los entresijos de la trastienda de la Transición. Se trata del militar Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre, adscrito a los mandos del Servicio de Inteligencia  del  Ejército español, que en un libro de reciente edición, titulado El sueño de la transición. Los militares y los servicios de inteligencia que la hicieron  posible”, describe interesantes pormenores de aquella fraudulenta operación política. Sigue leyendo