Cartel de IPV del año 2011

Todos los medios llevan la última semana hablando de la muerte de la conspiración del 11M. Evidentemente tan sólo se refieren a los medios oportunistas e indecentes que sostuvieron la autoría de ETA contra viento y marea por simple rédito político, propagandista y partidista. Pese a que incluso las fuerzas de seguridad tenían claro que no había conexión alguna pasadas pocas horas del atentado, parece que era un fantasma que se debía de mantener vivo. Tanto seguidores como detractores, que para vencer la propaganda, se aferraron a la Versión Oficial judicial y atacarán cualquier duda o revisión de esta. Y así se enfiló tras una u otra versión la sociedad, y en buena parte según color o afiliación política de cada uno.

Imprescindible vídeo, uno de los primeros que hubo, de la antigua antimperialista.blogia

Tras 10 años del mayor atentado en Europa y algunos menos de las sentencias, basta ojear los medios para acabar con una sensación maravillosa de que la justicia funciona bien, los fiscales y  la policía lo hicieron estupendamente, los medios (menos los conspiradores del “todo es ETA”) salen triunfantes… Y como no, el terrorismo islámico mantiene al Gobierno en alto riego de atentado, y nos hace creer que es la principal amenaza del Estado español.

Conviene recordar a los que quieren enterrar la conspiración, ya que el atentado constantemente se atribuye con una total ligereza a Al Qaeda [tapadera de la CIA cada vez más descarada], que la Sentencia de los Juicios del 11M atribuyó la responsabilidad a “células o grupos terroristas de tipo yihadista. Sin especificar la concreta organización o pertenencia  ya que no se encontraron vínculos con ninguna organización terrorista conocida.

Como nada, o casi nada, ha cambiado desde el artículo que publicamos sobre el 11M, aquí os le dejamos y recomendamos su lectura para que cada cual valore si las teorías sobre conspiración en el atentado han muerto o no.

11M – 9 años y seguimos sin saber la verdad

Recomiendo también una serie de artículos del Blog Urania en Berlin, que desde el pasado Octubre y a lo largo de 16 capítulos, ha investigado, recopilado y desgranando los vídeos del juicio (pienso que no hay otra forma de crearse una opinión) y aporta unas conclusiones y reflexiones que, personalmente, es de lo mejor que he leído últimamente sobre el caso del 11M. Comparto aquí el último capítulo y desde aquí podéis acceder al resto.

El 11-M. Las claves de la operación terrorista de Madrid

Urania en Berlin | 10 Mar 2014 

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El australiano Joe Vialls (1944-2005) fue uno de los más incisivos investigadores independientes de algunas de las operaciones terroristas de falsa bandera que se produjeron desde los años ochenta hasta que aconteció su muerte en 2005. Tan sólo cuatro días después de los atentados de Madrid, el 15 de marzo, Vialls realizó un análisis de los hechos que a la mayoría de los españoles les hubiera parecido inimaginable en aquellos momentos (y también ahora, todo hay que decirlo).

Vialls falleció en 2005 y no pudo continuar su trabajo sobre las que hubieran podido ser otras interesantes aportaciones (masacre de Noruega, atentado de Londres). Vialls fue especialista en las llamadas “black op” (u operaciones encubiertas) de la agencia de inteligencia israelí Mossad. Escribió un libro sobre la masacre de Port Arthur (Deadly deception at Port Arthur), en Australia, donde murieron asesinadas 35 personas en 1996, crimen cometido aparentemente por una sóla persona (Martin Bryant, el típico “loco” solitario), pero que Vialls atribuyó al Mossad. Acerca de Vialls se ha dicho de todo por sus detractores. Por ejemplo que fue un ex agente de inteligencia israelí (bajo el nombre de Ari Ben Menashe) el cual habría participado en numerosas operaciones clandestinas del Mossad. Realidad o no, conspiración o no, invenciones gratuitas o no, ese es otro tema. De esta última polémica se habla mucho en determinados foros pero nada se dice de su aportación al 11-m, mucho más interesante.

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Vialls comienza mostrando tres fotografías del 11-m, en concreto de los vagones destrozados por las bombas. Estas tres fotografías de los trenes, señala Vialls, proporcionan pistas importantes a la hora de determinar qué clase de explosivos fueron utilizados, donde fueron colocados y, por lo tanto, cómo y desde donde se impulsó la operación terrorista. Vialls nos requiere, para que antes de que leamos su análisis y mediante una radiografía visual, seamos capaces de  analizar en las fotos hasta donde pueden dar de sí estas pistas y cómo interpretarlas. Empieza el australiano afirmando que una de las mayores fábulas de la operación terrorista de Madrid tenía su base en de que el público tuviera el convencimiento de que un gran grupo de ágiles terroristas subieron a bordo de los cuatro trenes, procedentes de  las estaciones de Alcalá de Henares y Guadalajara en dirección a Atocha.

¿Por qué ágiles? ¿Qué quería decir Vialls con esto? Veamos: Ahora piense en esto cuidadosamente. En mi opinión personal cada una de las diez explosiones habría requerido entre 40 y 50 libras (18 a 22 kg) de explosivo militar de alto poder destructivo, categoría C4/Semtex-H. Estos explosivos tienen un peso específico muy bajo, lo que significa que son excepcionalmente voluminosos para su peso. Por lo tanto, esto habría requerido de diez [fuertes] terroristas accediendo a la plataforma baja del tren actuando al mismo tiempo, cada uno arrastrando una gran mochila en medio de una hora punta. Es extraño entonces que ningún testigo en Alcalá de Henares recordase haber visto a alguno de ellos, porque estos señores con sus equipajes voluminosos hubieran, sin duda, destacado entre la multitud y causado una considerable desconfianza entre los viajeros.

Prosigue Vialls hablando acerca de que, no se demostró que hubiera fuego en cualquiera de las diez partes de los coches donde se produjeron las explosiones, lo que demuestra, a su vez, que explosivos militares de alto poder destructivo fueron utilizados en cantidades considerables. Refiere con ironía Vialls: hasta incluso el más escéptico de los lectores estaría dispuesto a admitir que si diez enormes musulmanes barbudos tratasen de cargar mochilas gigantes con explosivos yendo de aquí para allá por  todo el país, hubieran sido detectados al instante.

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La segunda idea, afirma Vialls, se refiere al patrón de la explosión. Si se observa con cuidado, se dará cuenta de que algunos de los fragmentos incrustados en los paneles del techo destrozado son, de hecho, la metralla del suelo procedente del mismo vagón. Sin entrar en demasiados detalles técnicos, es imposible que pequeñas partes del suelo del vagón pudieran alojarse en el techo, a menos que las cargas se hubieran fijado por debajo del piso del tren antes de la detonación. Esto se ve confirmado por el hecho de que el coche tenía la parte posterior completamente destrozada en dos lugares diferentes. Las cargas colocadas en una mochila y situadas en la parte superior del piso del tren serían completamente incapaces de romper las fuertes vigas de apoyo de acero longitudinales que están situadas a lo largo del chasis de cada vagón. La perspicacia y finura del análisis de Vialls, a escasos días del atentado,  sobre la forma de colocar los explosivos en los trenes, enlaza de algún modo a una noticia de hace unos meses, donde se podía leer lo siguiente: Desaparece la única prueba de la existencia de un cráter en el suelo del tren -ignorado por los peritos-. Una prueba que puede ser determinante para aclarar si esa bomba había podido ser colocada por alguien que accediese a ese coche poco antes de producirse la explosión. Sigue leyendo