Un excelente, extenso y muy documentado artículo del Blog Estado de Malestar, adaptado del libro

de Edwin Black La guerra contra los débiles”. Eugenistas y la campaña americana para crear la raza superior.

Estado del Malestar | 30 Jul. 2012
Hitler y sus esbirros persiguieron a un continente entero y exterminaron a millones de personas en su búsqueda de una supuesta “raza superior”. Sin embargo, el concepto de una raza nórdica superior, blanca, rubia y de ojos azules no tuvo su origen en Hitler. La idea fue creada en los EE. UU. y cultivada en California décadas antes de que Hitler llegara al poder. Los eugenistas de California tuvieron un papel importante, si bien desconocido, en la campaña a favor de la limpieza étnica de los movimientos eugenésicos estadounidenses.
La eugenesia era una pseudociencia dedicada a la “mejora” de la raza humana. En su versión más extrema y racista, implicaba deshacerse de todos los seres humanos considerados “no aptos” y mantener únicamente a aquellos que se ajustaran al estereotipo nórdico. Los elementos de esta filosofía se consagraron como política nacional por medio de la esterilización forzosa y las leyes segregacionistas, así como las restricciones al matrimonio, promulgadas en 27 estados. En 1909, California se convirtió en el tercer estado en adoptar tales leyes. A la larga, los profesionales de la eugenesia coaccionaron a unos 60 000 estadounidenses para que se esterilizaran, prohibieron el matrimonio de miles, segregaron a millares a la fuerza en “colonias” y persiguieron a un número incalculable de personas de maneras que aún se están descubriendo. Antes de la II Guerra Mundial, casi la mitad de las esterilizaciones forzosas se llevaron a cabo en California e, incluso después de la guerra, el estado fue responsable de un tercio de tales operaciones.
California era considerado el epicentro del movimiento eugenésico estadounidense. Durante las primeras décadas del siglo XX, los eugenistas de California contaban con potentes pero poco conocidos científicos raciales, tales como el especialista del ejército en enfermedades venéreas, el Dr. Paul Popenoe, el magnate de los cítricos Paul Gosney, el banquero de Sacramento Charles Goethe, así como miembros de la Junta Estatal de Caridades y Correcciones de California y la Junta Directiva de la Universidad de California.
La eugenesia no habría pasado de ser una extraña charla de peluquería si no hubiera sido por la vasta financiación de filántropos del mundo empresarial, en concreto la Carnegie Institution, la Rockefeller Foundation y Harriman, la fortuna del ferrocarril. Todos ellos estaban confabulados con algunos de los científicos más respetados de los EE. UU., venidos de universidades tan prestigiosas como Stanford, Yale, Harvard o Princeton. Estos académicos apoyaron la teoría y la ciencia de la raza para después falsear y tergiversar los datos con el objetivo de servir a los objetivos racistas de la eugenesia.
David Starr Jordan, presidente de Stanford, creó la noción de “raza y sangre” en su epístola racista de 1902 “La sangre de una nación”, en la cual esta autoridad académica declaraba hereditarias cualidades y condiciones humanas tales como el talento o la pobreza.
En 1904, la Institución Carnegie fundó un complejo de laboratorios en Cold Spring Harbor (Long Island), donde hizo acopio de millones de fichas de estadounidenses de a pie, mientras los investigadores tramaban cuidadosamente la eliminación de familias, líneas de descendencia y naciones enteras. Desde Cold Spring Harbor, los defensores de la eugenesia hicieron campaña en las asambleas legislativas de los EE. UU., así como en las asociaciones y agencias de servicios sociales de la nación.
La fortuna del ferrocarril Harriman pagaba a organizaciones de beneficencia, tales como el New York Bureau of Industries and Immigration (Departamento de Industrias e Inmigración de Nueva York) para que siguiera la pista de judíos, italianos y otros inmigrantes en Nueva York y otras ciudades superpobladas, y más tarde someterlos a deportación, reclusión o esterilización forzosa.
La Fundación Rockefeller ayudó a fundar el programa de eugenesia alemán, e incluso financió el programa en el que trabajó Josef Mengele antes de ir a Auschwitz.
La mayoría de la guía espiritual y agitación política del movimiento eugenésico estadounidense llegaba desde las casi autónomas sociedades eugenésicas de California, tales como la Pasadena’s Human Betterment Foundation (Fundación para la Mejora Humana de Pasadena) o la rama californiana de la American Eugenics Society (Sociedad Eugenésica Estadounidense), las cuales coordinaban la mayor parte de sus actividades con la Eugenics Research Society (Asociación para la Investigación de la Eugenesia) de Long Island. Estas organizaciones —que funcionaban como parte de una red estrechamente unida— publicaban boletines de eugenesia racistas y publicaciones pseudocientíficas, tales como “Eugenical News” o “Eugenics”, y hacían propaganda de los nazis.
La eugenesia nació como una curiosidad científica en la época victoriana. En 1863, Sir Francis Galton, primo de Charles Darwin, teorizó que si las personas dotadas se casaran solamente con otras personas dotadas, el resultado sería una descendencia perceptiblemente mejor. En el cambio de siglo, los EE. UU. importaron las ideas de Galton, justo cuando se estaban redescubriendo los principios de la herencia de Gregor Mendel. Los defensores de la eugenesia en EE. UU. creían con fervor religioso que los mismos conceptos mendelianos que determinaban el color y el tamaño de los guisantes, el maíz o el ganado también gobernaban el carácter social e intelectual del ser humano.
En un país cuya demografía se tambaleaba debido a la agitación inmigratoria, y hecho jirones por el caos posterior a la reconstrucción, los conflictos raciales eran ubicuos a comienzos del siglo XX. Elitistas, utópicos y supuestos progresistas fusionaron sus latentes temores raciales y prejuicios de clase con su deseo de construir un mundo mejor. Reinventaron la eugenesia de Galton en una ideología represiva y racista. El propósito era poblar la Tierra con muchos más miembros de su misma clase socioeconómica y biológica; y con menos o ninguno del resto de clases.
La especie superior que buscaba el movimiento eugenésico no estaba formada simplemente por personas altas, fuertes y con talento. Los eugenistas ansiaban los sujetos nórdicos rubios y de ojos azules. Según su creencia, solo este grupo era el adecuado para heredar la Tierra. En el proceso, el movimiento pretendía eliminar a los negros emancipados, a los peones inmigrantes de Asia, a los indios, a los hispanos, a los europeos del Este, a los judíos, a los paletos de pelo moreno, a los pobres, a los enfermizos y a cualquiera que quedara clasificado fuera de las aburguesadas líneas genéticas preparadas por los raciólogos estadounidenses.
¿De qué manera? Identificando árboles genealógicos supuestamente defectuosos y sometiéndolos a programas de segregación y esterilización de por vida para eliminar sus líneas de descendencia. El gran plan consistía literalmente en borrar la capacidad reproductora de aquellos considerados débiles o inferiores; los denominados “no aptos”. Los eugenistas confiaban en neutralizar la viabilidad del 10 por ciento de la población de un plumazo, hasta que no quedara nadie salvo ellos mismos.
Se investigaron 18 soluciones en el “informe preliminar del comité de la sección de eugenesia de la American Breeder’s Association (Asociación de Criadores de EE. UU.) para estudiar e informar sobre los mejores métodos prácticos para cortar el plasma del germen defectuoso de la población humana”, financiado por Carnegie en 1911. El punto número 8 era la eutanasia.
El método de “eugenicidio” más comúnmente propuesto en los EE. UU. era una “cámara letal”, o bien cámaras de gas públicas y manejadas localmente. En 1918, Popenoe, el especialista en enfermedades venéreas del ejército durante la I Guerra Mundial, coescribió el muy utilizado libro de texto “Eugenesia aplicada”, el cual argumentaba lo siguiente: «Desde un punto de vista histórico, el primer método que se presenta es la ejecución (…) Su valor para mantener la calidad de la raza no debería infravalorarse». “Eugenesia aplicada” también dedicaba un capítulo a la “Selección letal”, que funcionaba «por medio de la destrucción del individuo por medio de alguna característica adversa del entorno, tal como un frío excesivo, bacterias o deficiencias fisiológicas».
Los criadores eugenistas creían que la sociedad estadounidense no estaba preparada para poner en práctica una solución letal organizada. No obstante, muchos manicomios y psiquiatras llevaron a la práctica medicina letal improvisada y eutanasia pasiva por su cuenta. Un hospital de Lincoln, Illinois, dio de comer leche de vacas tuberculosas a sus nuevos pacientes en la creencia de que un individuo eugenésicamente fuerte sería inmune. La tasa de mortalidad resultante en Lincoln fue de entre el treinta y el cuarenta por ciento. Algunos doctores pusieron en práctica los “eugenicidios” pasivos de niños recién nacidos. Otros médicos de hospitales psiquiátricos se dedicaron a la “negligencia letal”.
Sin embargo, una vez que el eugenicidio quedó marginalizado, la principal solución para los eugenistas fue la rápida expansión de las segregaciones y esterilizaciones forzosas, así como un mayor número de restricciones al matrimonio. California se puso a la cabeza de la nación, llevando a cabo casi todas las esterilizaciones sin casi ningún debido proceso. En los primeros 25 años de legislación eugenésica, California esterilizó a 9.782 individuos, mujeres en su mayor parte. La mayoría estaban clasificadas como “chicas malas”, diagnosticadas como “apasionadas”, “obsesionadas con el sexo” o “pervertidas sexuales”. En el Hogar Estatal de Sonoma, algunas mujeres fueron esterilizadas por considerarse que sus clítoris o labios eran anormalmente grandes.
No menos de 1.278 esterilizaciones obligatorias se llevaron a cabo solo en 1933, 700 de ellas a mujeres. Las dos clínicas de esterilización punteras en 1933 fueron el Hogal Estatal de Sonoma, con 388 operaciones, y el Hospital Estatal de Patton, con 363. Otros centros de esterilización se encontraban en los hospitales estatales de Agnews, Mendocino, Napa, Norwalk, Stockton y Pacific Colony.
Incluso el Tribunal Supremo de los EE. UU. refrendó algunos aspectos de la eugenesia. En su tristemente célebre decisión de 1927, el Magistrado del Tribunal Supremo Oliver Wendell Holmes escribió lo siguiente: «Sería mejor para todo el mundo si, en lugar de aguardar a ejecutar a la descendencia degenerada por sus crímenes, o dejarlos morir de hambre por su imbecilidad, la sociedad pudiera conseguir que aquellos que son manifiestamente no aptos no puedan perpetuar su especie. Es suficiente con tres generaciones de imbéciles». Esta decisión abrió las compuertas para que miles de personas fueran esterilizadas a la fuerza o, de lo contrario, perseguidos como seres infrahumanos. Años más tarde, en los juicios de Nuremberg, los nazis citaron las palabras de Holmes en su defensa.
No fue hasta que la eugenesia se hubo afianzado en los EE. UU. que la campaña se extendió hacia Alemania, en gran parte merced a los esfuerzos de los eugenistas de California, que publicaron panfletos en los que idealizaban la esterilización y los hicieron circular entre los oficiales y científicos alemanes.
Hitler estudió las leyes eugenistas estadounidenses e intentó legitimar su antisemitismo medicalizándolo y arropándolo en la más aceptable pseudocientífica fachada de la eugenesia. Hitler fue capaz de reclutar más seguidores entre alemanes sensatos reivindicando que la ciencia estaba de su lado. El odio racial de Hitler nació de su propia mente, pero los esbozos intelectuales de la eugenesia que adoptó en 1924 provenían de los EE. UU.
Durante los años veinte, los científicos eugenistas de la Institución Carnegie cultivaron profundas relaciones personales y profesionales con los eugenistas fascistas de Alemania. En “Mi lucha”, publicado en 1924, Hitler citaba la ideología eugenésica estadounidense y hacía gala de amplios conocimientos sobre sus programas: «Existe hoy un estado en el cual se evidencian unos leves comienzos en pos de una mejor concepción de la inmigración. Por supuesto, no se trata de nuestra modélica República Alemana, sino de los EE. UU.».
Hitler contaba con orgullo a sus camaradas la atención con la que seguía el progreso del movimiento eugenista estadounidense. «He estudiado con gran interés,» relataba a un compañero nazi, «las leyes de varios estados de la unión que regulan la prevención de la reproducción por parte de personas cuya progenie podría, con mucha probabilidad, carecer de valor o ser perjudicial para el valor de la raza».
Hitler llegó al punto de escribir una carta de admiración al cabecilla eugenista Madison Grant, calificando su libro “La desaparición de la gran raza” como “su biblia”.
En aquel tiempo, el término estadounidense “nórdico” se intercambiaba abiertamente con “germánico” o “ario”. La ciencia de la raza, la pureza de la raza y la supremacía de la raza se convirtieron en la fuerza motriz del nazismo hitleriano. La eugenesia nazi sería la que dictaría en última instancia quién sería perseguido en una Europa bajo el dominio del Reich, cómo viviría el pueblo, y también cómo moriría. Los doctores nazis se convirtieron en los generales en la sombra de la guerra de Hitler contra los judíos y otros europeos considerados inferiores. Los doctores crearon la ciencia, ingeniaron las fórmulas eugenésicas y escogieron a dedo las víctimas de sus esterilizaciones, eutanasias y exterminios en masa.
Durante los primeros años del Reich, los eugenistas de todos los EE. UU. recibieron con los brazos abiertos los planes de Hitler, considerándolos la consecuencia lógica de sus décadas de investigación y esfuerzos. Los eugenistas de California republicaron la propaganda nazi para el consumo estadounidense. También organizaron exposiciones científicas nazis, como la muestra de agosto de 1934 en el Museo del Condado de Los Ángeles, con motivo de la reunión anual de la American Public Health Association (Asociación de Salud Pública Estadounidense).
En 1934, mientras las esterilizaciones en Alemania aceleraban hasta superar las 5000 al mes, el cabecilla eugenista de California C. M. Goethe, tras un viaje a Alemania, presumía pletórico ante un colega: «Le interesará saber que su trabajo ha desempeñado un poderoso papel modelando las opiniones del grupo de intelectuales que están detrás de Hitler en su trascendental programa. En ningún momento he dejado de tener la sensación de que sus opiniones se han visto enormemente estimuladas por el pensamiento estadounidense. Mi querido amigo, quiero que lleve con usted el resto de su vida la idea de que ha provocado que se ponga en acción un gran gobierno de sesenta millones de personas».
Ese mismo año, diez después de que la primera ley de esterilización se aprobara en Virginia, Joseph DeJarnette, director del Hospital Western State de Virginia, comentó en el diario Times-Dispatch de Richmond, cómo «Los alemanes nos están ganando a nuestro propio juego».
Más que limitarse a proporcionar la planificación científica, los EE. UU. fundaron las instituciones eugenésicas alemanas.
Para 1926, Rockefeller ya había donado unos 410.000 dólares —casi cuatro millones si lo actualizamos al valor actual— a cientos de investigadores alemanes. En mayo de 1926, Rockefeller concedió 250.000 $ para la creación del Kaiser Wilhelm Institute for Psychiatry (Instituto de Psiquiatría Kaiser Guillermo). Entre los principales psiquiatras de esta institución se encontraba Ernst Rüdin, que llegó a ser su director y, al final, también uno de los arquitectos de la sistemática represión médica hitleriana.
El Institute for Brain Research (Instituto para la Investigación del Cerebro) era otra de las instituciones del complejo de eugenesia del Instituto del Kaiser Guillermo. Desde 1915 había venido funcionando en una sola habitación, pero todo cambió con la llegada de Rockefeller en 1929. Una subvención de 317.000 dólares permitió al instituto construir un edificio más grande y cobrar un papel protagonista en la biología de raza en Alemania. El instituto recibió subvenciones adicionales de la Fundación Rockefeller durante los años siguientes. Una vez más, en la dirección del instituto se encontraba el esbirro médico de Hitler, Ernst Rüdin. La organización de Rüdin se convirtió en el principal director y receptor de los criminales experimentos e investigaciones realizadas a los judíos, gitanos y otras razas.
En 1940 comenzaron las ejecuciones sistemáticas en cámaras de gas de millares de alemanes sacados de hogares de la tercera edad, hospitales psiquiátricos y otras instituciones. Entre 50.000 y 100.000 personas fueron finalmente asesinadas.
Leon Whitney, secretario ejecutivo de la Sociedad Estadounidense de Eugenesia, realizó las siguientes declaraciones sobre el nazismo: «Cuando nosotros evitábamos comprometernos, los alemanes llamaban al pan, pan, y al vino, vino».
Un destinatario especial de la financiación de Rockefeller fue el Instituto del Kaiser Guillermo de antropología, herencia humana y eugenesia de Berlín. Durante décadas, los eugenistas estadounidenses habían ansiado contar con gemelos para avanzar en sus investigaciones sobre la herencia genética. Ahora el Instituto estaba preparado para emprender esas investigaciones hasta un nivel sin precedentes. El 13 de mayo de 1932, la Fundación Rockefeller de Nueva York envió un telegrama a su oficina de París: «REUNIÓN JUNIO COMITÉ EJECUTIVO NUEVE MIL DÓLARES PERÍODO TRES AÑOS INSTITUTO ANTROPOLOGÍA KWG PARA INVESTIGACIÓN GEMELOS Y EFECTOS GENERACIONES VENIDERAS SUSTANCIAS TÓXICAS PLASMA DEL GERMEN».
Al mismo tiempo que la donación de Rockefeller, Otmar Freiherr von Verschuer, un héroe entre los círculos eugenistas estadounidenses, ejercía las funciones de director del Instituto de antropología, herencia humana y eugenesia. La financiación de Rockefeller a dicho instituto continuó tanto directamente como a través de otros conductos de investigación durante la primera época del ejercicio de Verschuer. En 1935, Verschuer abandonó el instituto para crear unas instalaciones de eugenesia rivales en Frankfurt, lo cual tuvo gran repercusión en la prensa eugenésica estadounidense. La investigación con gemelos en el Tercer Reich se disparó, apoyada por los decretos del gobierno. Verschuer escribió en Der Erbarzt, una publicación de doctores en eugenesia que editaba, que la guerra alemana produciría una «solución total al problema judío».
Verschuer tenía un antiguo ayudante. Su nombre era Josef Mengele. El 30 de mayo de 1943, Mengele llegó a Auschwitz. Verschuer notificó lo siguiente a la Sociedad de Investigación Alemana: «Mi ayudante, el Dr. Josef Mengele, doctor en medicina, ha colaborado conmigo en esta rama de la investigación. Actualmente trabaja como Hauptsturmführer (capitán) y médico en el campo de concentración de Auschwitz, donde se están llevando a cabo ensayos antropológicos con los grupos raciales más diversos con el permiso del SS Reichsführer (Himmler)».
Mengele comenzó a registrar los vagones de los trenes en búsqueda de gemelos. Cuando los encontraba, llevaba a cabo experimentos horrorosos, redactaba los informes escrupulosamente y enviaba el papeleo al instituto de Verschuer para su evaluación, a menudo acompañado de cadáveres, ojos y otras partes del cuerpo.
Los ejecutivos de Rockefeller nunca supieron nada sobre Mengele. Salvo contadas excepciones, la fundación había abandonado todos los estudios eugenésicos en la Europa ocupada por los nazis antes de que estallara la guerra en 1939. No obstante, para ese momento la suerte ya estaba echada. Los talentos financiados por Rockefeller y Carnegie, las grandes instituciones en cuya fundación habían colaborado y la ciencia que habían ayudado a crear ya estaban cobrando velocidad por sí mismos.
Después de la guerra, la eugenesia fue declarada un crimen contra la humanidad, un genocidio. En los juicios contra los alemanes, citaron en su defensa los estatutos de California, pero no sirvió de nada: fueron declarados culpables.
Sin embargo, Verschuer, el jefe de Mengele, evitó ser procesado e incluso retomó sus conexiones con los eugenistas de California, quienes habían pasado a la clandestinidad y habían renombrado su cruzada como “genética humana”. Veamos un intercambio típico de información, cuando Popenoe escribió a Verschuer en 1946: «Ha sido un verdadero placer volver a saber de ti. Estaba muy preocupado por mis colegas alemanes. ¿Entiendo que las esterilizaciones se han suspendido en Alemania?» La misiva continuaba con algunos cotilleos de Popenoe sobre diversas lumbreras eugenistas estadounidenses y adjuntaba varias publicaciones del ramo. En un paquete aparte, Popenoe envió algo de cacao, café y otros manjares.
Verschuer no tardó en contestar: «Su amistosa carta del 25 de julio me colmó de felicidad, por lo que le doy mi más sincero agradecimiento. La carta tiende otro puente entre mi labor científica y usted, el cual espero que nunca vuelva a hundirse, sino que posibilite valiosos y mutuos enriquecimientos y estímulos».
No tardó Verschuer en volver a convertirse en un respetado científico en Alemania y en todo el mundo. En 1949 se convirtió en miembro de pleno derecho de la recientemente formada American Society of Human Genetics (Asociación Estadounidense de Genética Humana), organizada por eugenistas y genetistas estadounidenses.
En la primavera de 1950, la Universidad de Münster ofreció a Verschuer un puesto en su nuevo Instituto de Genética Humana, donde llegó a ser decano. A principios y mediados de los años cincuenta, Verschuer llegó a ser miembro honorario de varias sociedades prestigiosas como la Sociedad Italiana de Genética, la Sociedad Antropológica de Viena y la Sociedad Japonesa de Genética Humana.
Las raíces genocidas de la genética humana en la eugenesia fueron ignoradas por una generación victoriosa que rechazaba relacionarse con los crímenes del nazismo, así como por generaciones posteriores que nunca supieron la verdad sobre los años anteriores a la guerra. En la actualidad, los gobernadores de cinco estados, incluyendo California, han expresado públicamente sus disculpas a los ciudadanos, pasados y presentes, víctimas de esterilizaciones y otros abusos engendrados por el movimiento eugenista.
La genética humana se convirtió en un esfuerzo progresista a finales del siglo XX. Científicos trabajadores y dedicados consiguieron descifrar el código humano por medio del Proyecto del Genoma Humano. Hoy en día, cualquier individuo puede ser identificado biológicamente y clasificado según su rasgo y su ascendencia. Sin embargo, incluso en la actualidad sigue habiendo voces destacadas dentro del mundo de la genética que, con el objetivo de crear una especie humana superior, piden una limpieza de aquellos de entre nosotros que consideran superfluos.
Es comprensible la cautela con respecto a otras formas de abuso más comunes, como por ejemplo la denegación de cobertura médica o empleo basada en pruebas genéticas. El 14 de octubre de 2003, el Senado de los EE. UU. aprobó por unanimidad la primera legislación contra la discriminación genética. Sin embargo, puesto que la investigación genética se lleva a cabo en todo el mundo, una ley emitida en un solo país no puede detener todas las amenazas.
Edwin Black es el autor del galardonado libro “IBM y el holocausto”, así como del recientemente publicado “La guerra contra los débiles”, a partir del cual se ha adaptado este artículo.