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Y además asegura que la sustancia química era gas Sarín. Cosa demostrada falsa en conclusión de las imágenes que difundieron todos los medios sobre el ataque.

Lo publica el diario Atlantista y pro-injerencista El País, en la portada de su versión digital de hoy (10 sept.) en un momento en que diversas pruebas apuntan hacia la autoría de los “rebeldes” (como las investigaciones del ejército ruso), incluso con apoyo del Pentágono, como revelan correos interceptados a altos mandos del ejército estadounidense. El imperio rescata a sus asociaciones de expertos “observadores de los derechos humanos”, como ya hizo en Libia. Que desde el principio del conflicto tomaron posesión de su papel en la guerra demonizando gobierno y el ejército legítimo sirio, y pedían sanciones y bloqueos por parte de la UE.

El artículo habla de HRW como una asociación independiente no afiliada a ningún bando, pero olvida que su sede está en la Quinta Avenida de Nueva York (EEUU) que es la principal potencia con intereses intervencionistas sobre Siria, y financiada por la Open Society de Soros, la Fundación Ford, etc…

Para ahondar más en dicha organización defensora de los DD.HH. tras el reciente artículo que os compartimos, Amnistía Internacional, HRW, Pussy Riot, Femen y la propaganda imperialista pro-belica. Traemos uno del escritor e investigador navarro Mikel Itulain desde su blog ¿Es posible la paz?

HUMAN RIGHTS WATCH: cuando los derechos humanos se utilizan con otros fines.

 ¿Es posible la paz? | 6 de mayo de 2013 | Mikel Itulain

Kenneth Roth, Director ejecutivo de Human Rights Watch

Así como Amnistía Internacional es una organización creada en el Reino Unido, Human Rights Watch es la versión propia de los Estados Unidos, aunque Amnistía tiene también importantes contactos con  la administración norteamericana.(1)

A esta organización se le ha achacado ya de forma repetida su base de financiación, que proviene por ejemplo de la Fundación Soros a través del Open Society Institute, de la Fundación Ford y de otras corporaciones vinculadas al poderoso mundo de los negocios estadounidense principalmente. (2) También se le ha atribuido el estar dirigida por personas de clase alta y centradas en la visión e intereses de la élite económica de EE.UU, más con el partido demócrata que con el  republicano. (3) No obstante, vamos a centrarnos en sus hechos, en mi libro Estados Unidos y el respeto a otras culturas y países ya mostraba algunas serias incongruencias y contradicciones en esta organización. En Afganistán, por ejemplo, empezó a justificar la guerra que tenía previsto lanzar EE.UU. contra los talibanes una vez que estos dejaron de ser útiles a la administración norteamericana. Y lo hizo aduciendo que la guerra podía mejorar la situación de la mujer. Lo que no decía Human Rights Watch (HRW), es que fueron los Estados Unidos los que llevaron a los fundamentalistas al poder y que acabaron con la tolerancia y respeto a la mujer que había  antes en el país.(4) Quien había creado  eso difícilmente lo podía resolver y menos con una guerra. Los hechos lo han demostrado. Hoy los derechos de la mujer son incluso peores que antes de comenzar la invasión hace ya más de diez años. Y lo que es más grave todavía, miles y miles de personas han perdido su vida por esta brutal guerra que la OTAN y EE.UU. han llevado a cabo allí. El país hoy es una auténtica ruina y un centro de fanatismo y violencia. ¿HRW no tiene ninguna responsabilidad por ello? Debería tenerla.

Respecto a Irak, HRW también ha mostrado un sesgo importante en cuanto a la acusación sobre los autores de crímenes de guerra. Si bien hizo una labor importante en su informe sobre el ataque de Sadam a los kurdos en la campaña Anfal, pero sin entrar en quién le dio las armas químicas y lo apoyó, no mostró el mismo celo para acusar por crímenes de guerra a EE.UU. o Inglaterra respecto a las sanciones y embargo aplicados a  Irak de los años 1990 a 2003. En el ataque contra los kurdos se pudieron matar hasta ciento cincuenta mil personas, el embargo a Irak causó una cifra de muertes de más de seiscientas mil personas, pudiendo llegar al millón o millón y medio, la mayor parte niños.(4) ¿Por qué esa diferencia de trato? ¿Se trata de condenar por crímenes de guerra o contra la humanidad al gobierno de Irak y de no hacerlo a los gobiernos de EE.UU. o de Gran Bretaña? Estos hechos revelan muchas cosas y tendencias, dejando claro que no hay en HRW una independencia y rigor real para juzgar la vulneración de los derechos humanos en el mundo. Sin embargo, no puede, o mejor dicho no debe, haber una vara de medir diferente para los crímenes contra la humanidad, y claramente se ve que la hay.
En marzo de  2002 el director ejecutivo de HRW, Kenneth Roth, publicó en el Wall Street Journal un  artículo titulado Procesar a Sadam,(5) en un periodo donde tanto la potencia norteamericana como la europea estaban preparando un ataque sobre Irak. Bien, habría que procesar a Sadam, pero con más motivo incluso a Blair o a Bush, porque sus sanciones y la destrucción de las infraestructuras en la guerra de agresión del Golfo mataron a tal vez más de un millón de personas, en su gran mayoría niños. ¿Se estaba preparando el terreno para una justificación de una guerra? Los hechos y los tiempos en que se sucedieron conducen a pocas dudas, la guerra vendría meses después, tras haber preparado el terreno previamente y no solo por parte de los militares oficiales. Sigue leyendo