v (57)Si el trabajo dignifica, que trabajen los indignos…

Al trabajo asalariado nos referimos. Son tiempos raros en los que tienen un trabajo precario deben agradecerlo y quienes no lo tienen rezan cada día para encontrarlo. Y en esta locurar, por muy raro que les parezca a las “gentes de bien” el trabajo asalariado y por añadidura las migajas de las prestaciones por desempleo son un gran engaño que hay que desenmascarar.

Os compartimos un par de textos que revisan la idea que tenemos del trabajo, pues parece ser que los ideólogos enemigos de la humanidad y padres de la economía moderna y de la revolución industrial hicieron un sencillo cambio. Sustituyeron en un abrir y cerrar de ojos la palabra “esclavo” por la palabra “trabajador” suavizando las formas, y todo por el interés económico de los amos-empresarios, y por supuesto, por el interés psicópata de la élite.

El primer texto hace una crítica real y voraz del trabajo (“instrumento de tortura”) definiendo a los trabajadores asalariados como “esclavos que ni siquiera saben que lo son y que ansían trabajar más y más, incluso gratis, porque el trabajo se ha convertido en el gran valor social”.

El segundo texto es un estudio interesante del coste económico del mantemiento de un esclavo comparado con el coste que supone un trabajador asalariado. ¿Adivinais que opción le cuesta menos al empresario?

Por la abolición del trabajo ASALARIADO. Por una vida en la que el trabajo sea un juego. No pararemos hasta conseguirlo.

La esclavitud industrial

En su origen la palabra española «trabajo» remite a un instrumento de tortura, el tripalium. Y en alemán y ruso la etimología para «trabajo» (arbeitrabot), de origen indoeuropeo, pertenece a la misma raíz que da lugar a la palabra «robot», que significa «esclavo». Si seguimos buscando en otras lenguas encontramos ejemplos parecidos que, como mínimo, nos dejan claro que el trabajo nunca fue plato de gusto.

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