Un día más una buena dosis de información para nuestros lectores, hoy hablaremos de los transgenicos y como no podía ser de otro modo ” de papa” Monsanto. Ahí tenéis este magnifico documental que denuncia los efectos negativos que provocan los productos agroquímicos y las semillas de soja transgénica que comercializa la empresa más grande del mundo del sector.

En síntesis, expone la cara más oscura de la lógica económica neoliberal, a través de la realidad agrícola de América del Norte y del Sur, especialmente de Argentina.

Hoy Monsanto es el primer semillero de soja, maíz, algodón y productor de agroquímicos del mundo. Quien dice semilla, dice Monsanto, pero también dice alimentos.

Es la empresa norteamericana que maneja el mercado mundial de la soja. Es la misma empresa que fabricó PCB, y ocultó durante 50 años que ese aceite era cancerígeno. Es la empresa que produce y que patentó las semillas de soja genéticamente modificadas, para resistir agroquímicos y tempestades, etc.

Ahí teneis algunos datos de esta empresa, quienes son etc…

¿Que es monsanto?
Monsanto se presenta a sí misma como una empresa visionaria, una fuerza de la historia mundial que trabaja para aportar ciencia de vanguardia y una actitud ambientalmente responsable a la solución de los problemas más urgentes de la humanidad. Pero, ¿qué es en realidad Monsanto? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo llegó a ser el segundo productor mundial de agroquímicos y uno de los principales proveedores de semillas en el planeta?. ¿Es Monsanto la compañía “limpia y verde” que proclaman sus anuncios, o los mismos apenas representan una operación de imagen que oculta la naturaleza criminal de la compañía?

En una Resolución del 13 de diciembre de 2004, el Comité Nacional de Ética en la Ciencia y la Tecnología (CECTE), dependiente del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Argentina, tomó conocimiento de la convocatoria al Premio “Animarse a Emprender”, instituido por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas, Educativas y Técnicas (CONICET) y la empresa Monsanto, que otorgaba 30 mil dólares al mejor proyecto en el área de biotecnología y medio ambiente, y recogió las inquietudes formuladas sobre este premio por algunos investigadores.
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¿Que son los transgenicos?

Coloquialmente llamamos transgénicos a los organismos modificados genéticamente (OMGs). Estos organismos se fabrican en un laboratorio a base de introducir en un ser vivo, genes que no pertenecen a su especie.

Las semillas transgénicas cultivadas hoy en el mundo pertenecen principalmente a cultivos como maíz, soja y algodón, aunque también a otras plantas, animales y otros organismos vivos. Estas semillas han sido manipuladas, en primer lugar para ser resistentes a determinados herbicidas químicos. En segundo lugar, para segregar la toxina Bt (Bacillus Thuringiensis) contra el gusano en el maíz y en el algodón, que ya ha empezado a hacerse resistente a dicha toxina. Las multinacionales incorporan a las semillas y plantas transgénicas genes que inutilizan los efectos de los antibióticos, lo que implica que, a medio plazo, los antibióticos utilizados con estas semillas serán inservibles como medicamentos.

Las multinacionales que producen y comercializan transgénicos, los presentan como la solución al hambre en el mundo. Sin embargo, el hambre en el mundo se debe a la dificultad de acceso de los campesinos a recursos productivos como la tierra, el agua, las semillas y otros medios de producción, cuando no el robo o la expropiación que estas empresas propician. Los alimentos transgénicos son una tecnología orientada radicalmente al aumento de la productividad. Los transgénicos agudizan los problemas que prometen resolver: abuso de agroquímicos, crecimiento de plagas, resistencia a los productos que combaten las plagas, aumento de la contaminación de aguas y suelos, pérdida de fertilidad de la tierra, menores rendimientos de los cultivos.

Acrecientan la incapacidad de los agricultores para resolver sus problemas “técnicos” y, con ello, su dependencia de las multinacionales. Las relaciones entre los nuevos genes manipulados y los naturales no son predecibles porque nunca han interactuado juntos en el mismo organismo. No podemos determinar qué pasará en las generaciones futuras de dichos organismos. La investigación de riesgos sobre la salud humana por ingestión de organismos con genes modificados es muy escasa. Se reconoce la inestabilidad de los genes implantados y la contaminación inevitable. En el caso del maíz está demostrado que a través de la polinización cruzada, se transfieren los genes modificados de unas plantas a otras, de unos campos a otros y a lo largo de la cadena alimentaria. Con ello aumentan los riesgos sobre la salud de las personas y del propio ecosistema del que los campos de cultivo y el ganado forman parte.

Los transgénicos suponen el desarrollo necesario de la agricultura química e industrial. Se presentan como la alternativa a algunos de los problemas generados por la agricultura actual: contaminación química, salinidad y erosión de suelos, resistencia de las plagas a los pesticidas, pérdida de cosechas, etc., pero los transgénicos no eliminan el uso de químicos. Aunque las multinacionales aseguran que los transgénicos reducen la necesidad de algunos herbicidas e insecticidas, hasta la fecha, no es cierto. Además, el uso de genes resistentes a algunos herbicidas, abona precisamente la tesis contraria, que aumentará su uso, en la práctica de la agricultura transgénica.

Debemos considerar a la producción “química” y “transgénica” de alimentos como dos formas de la misma agricultura industrial globalizada.

La alternativa a dicha agricultura industrial es la agroecología basada en: a) la independencia de la tecnología de las multinacionales, b) la valorización de los conocimientos campesinos tradicionales, c) la promoción tecnologías accesibles a l@s pequeñ@s agricultor@s y campesin@s pobres, d) el diálogo con la naturaleza, e) la defensa de la seguridad y la soberanía alimentarias para toda la población y no sólo para los sectores con solvencia económica. No podemos pretender el fomento de una agricultura responsable, sin afrontar los problemas de la alimentación mercantilizada e industrializada.

Tambien podeis encontrar algo de lectura sobre el tema

La periodista francesa Marie- Monique Robin realizó durante varios años una exhaustiva investigación sobre la multinacional Monsanto, empresa líder mundial en el sector agroindustrial. El fruto de sus investigaciones se concretó en un libro y en un documental para la cadena franco-alemana Arte. En El mundo según Monsanto se traza una historia de la compañía, trufada de polémicas, querellas por contaminación u ocultación de información y relaciones demasiado estrechas con los responsables de los organismos de control del gobierno estadounidense.

En la primera parte del libro Robin narra los comienzos de Monsanto como empresa química y varios escándalos en los que se vieron envueltos: la contaminación por PCB (policlorobifenilos), conocida desde 1937 y ocultada hasta los años 70, la contaminación por dioxinas, presentes en el agente naranja (napalm) utilizado para fumigar las selvas vietnamitas durante la guerra de Vietnam, la toxicidad del Roundup, herbicida estrella de la compañía, y el escándalo de la hormona del crecimiento bovino. En todos estos turbios asuntos la empresa falsificó informes, ocultó informaciones que perjudicaban su imagen corporativa, trató de silenciar las voces discordantes y contó con la inestimable colaboración de las agencias gubernamentales encargadas de la salud y el medio ambiente, como la FDA (Food and Drug Administration) o la EPA (Environment Protection Agency). En todos los procesos judiciales en los que se ha visto envuelta Monsanto, ni uno solo de sus directivos ha sido procesado, porque la legislación de EEUU impide entablar procesos penales contra las empresas. Las corporaciones son consideradas como personas jurídicas y las únicas condenas que se les pueden imponer son indemnizaciones a los perjudicados por sus maquinaciones.

La segunda y la tercera parte del libro están dedicadas a los OGM (Organismos Genéticamente Modificados). Monsanto se colocó a la cabeza de la investigación en biotecnología y consiguió sacar al mercado los primeros organismos vivos cuyo código genético había sido manipulado en el laboratorio. También consiguieron una legislación ambigua que permitió introducir los OGM en el mercado sin que se hubieran evaluado seriamente los riesgos potenciales que podrían causar sobre otros seres vivos o sobre el entorno. Una vez más, los múltiples contactos entre la esfera pública y la privada en EEUU (las llamadas “puertas giratorias”, el trasvase constante de directivos de empresas privadas y organismos públicos) hicieron posible una legislación (más bien no legislación) favorable a los intereses de las grandes corporaciones. Se benefició claramente a las empresas agroindustriales, con Monsanto a la cabeza, convertida en líder mundial en la venta de semillas modificadas genéticamente y de herbicidas. Monsanto consiguió que sus semillas modificadas fuesen patentadas como un invento más y, por consiguiente, el derecho a cobrar royalties a los agricultores que las adquirían. Esto también les otorgó el derecho a perseguir judicialmente a los agricultores que sembrasen semillas de un año para otro o a aquellos cuyos campos se contaminan con semillas producidas por Monsanto. El gigante biotecnológico presionó para que en EEUU los productos hechos con OGM no lleven etiquetas identificativas y persiguió y trató de desprestigiar a quienes se atrevieron a cuestionar las bondades de sus productos. La realidad es que los OGM no son seguros, constituyen una amenaza para la biodiversidad, son caros, precisan de mayor cantidad de productos químicos y los monocultivos a los que inducen ponen en peligro la seguridad alimentaria de poblaciones todavía muy dependientes de la agricultura, como ha sucedido en los países del Sur que apostaron por ellos (Brasil, Paraguay, Argentina).

El mundo según Monsanto es una crónica de la búsqueda del máximo beneficio a cualquier precio y de los múltiples recursos al alcance de las grandes corporaciones para adecuar la legislación a sus intereses. Su lectura obliga a plantearse la labor de los organismos reguladores, la credibilidad de revistas científicas de reconocido prestigio y la ignorancia de los consumidores acerca de los efectos de muchos de los productos que salen al mercado. El libro rinde homenaje a los llamados whistle blowers (lanzadores de alertas), personas que trabajan dentro de las grandes corporaciones y se atreven a denunciar los abusos de los que tienen conocimiento, aun sabiendo que su carrera profesional acabará de forma abrupta. Sin ellos, la documentada investigación de Marie- Monique Robin no habría sido posible.

Afortunadamente en la UE es obligatorio etiquetar los productos que contienen transgénicos, aunque eso no ha impedido su extensión. Marie- Monique Robin señala que España se encuentra entre los escasos países europeos que permiten el cultivo de transgénicos. Otro punto negro que añadir a la lista de decisiones imprudentes tomadas por los gobernantes de este país.

Algunos datos curiosos:
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Recordad, seguid investigando… es muy gratificante “conocer la realidad”.

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